Crítica: ‘El Amanecer del Planeta de los Simios’

Matt Reeves recoge el testigo de Rupert Wyatt y sube la apuesta con una película igual de sensible y más espectacular.

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Si algo demuestra ‘El Amanecer del Planeta de los Simios‘, además de la madurez total de un director como Matt Reeves, es que el concepto precuela/secuela/remake, y los prejuicios (muchas veces merecidos) que vienen casi asociados con ellos, se hacen cada vez más difíciles de administrar. Como si se hubiera aplicado la narrativa descomprimida de un gran evento Marvel, el reinicio de franquicia perpetrado por Fox hace dos años bucea en la prehistoria de la original El Planeta de los Simios, poniéndonos en antecedentes con esa nueva civilización construida sobre los cimientos de otra -la nuestra- con un nuevo episodio que avanza, un poco más, hacia el punto de contacto de la película de Franklin Schaffner estrenada en 1968.

Y lo hace, primero, respetando las claves de la saga original, siempre un alegato social tanto como un filme de ciencia ficción, y segundo, navegando totalmente libre tanto en lo argumental como en la pura y dura ejecución. Esto último es importante: la creación de un personaje completo como es el simio César parece resumir la encrucijada del cine contemporáneo, a caballo entre el prodigio técnico (los efectos visuales de Weta Digital son portentosos) y la interpretación más esencial, servida por un Andy Serkis para quien se pide ya una nominación al Oscar. Serkis, Reeves y los abundantes técnicos de FX logran que lo visual no esté destinado a epatar, sino a servir la creación de personajes. En el caso de César, un héroe trágico obligado a traicionar sus principios y erigirse como guerrero para defender la única opción posible: sobrevivir.

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A ritmo de la emotiva partitura de Michael Giacchino, más interesado en resaltar con simples notas de piano las emociones de unos héroes trágicos que la acción de su tercio final, la película de Reeves le confirma como uno de los nuevos artesanos del futuro: tan cómodo con la faceta de espectáculo digital, de evento o “blockbuster” veraniego, como con el drama íntimo de los personajes (y casi más con esto segundo), el norteamericano es capaz de narrar la historia con progresión y energía, enfatizando los elementos más sentimentales y logrando una película inteligente, dramática y moralmente compleja, pero que a la vez, y contrariamente a la moda actual, no necesita apelar a nuestro cerebro tanto como al corazón, a las emociones primarias del espectador. En ‘El Amanecer del Planeta de los Simios’ hay buenos y malos, hombres de paz y psicópatas, muy al contrario de lo que se ha dicho, pero en el mundo desolado plasmado por Reeves todo parece justificado, o más bien, una opción compresible, aunque no admisible.

El director, una vez asimilada la presencia de los efectos visuales como herramienta, se dedica a la historia, que sabe resolver con ejemplar clasicismo y simplicidad. Existen en ‘El amanecer del Planeta de los Simios’ algunas secuencias de diálogo resueltas en un único plano (se me ocurren al menos tres en este sentido) además de un predominio de la atmósfera sobre los golpes de efecto e incluso las secuencias de acción (elegantes pero enormes, cuando se necesita) poco habituales en la disciplina de la gran aventura de cine de verano en la que se inserta. La película, en suma, compagina los momentos emotivos como los de la gasolinera, con otros destinados a dar gran espectáculo de una manera totalmente lícita, y triunfa en ambos territorios.

Pero volviendo a la idea inicial, ‘El Amanecer…’ funciona a toda mecha y con gran comodidad en esa difusa línea entre secuela, remake y precuela, pues de todo ello hay un poco en la aventura dirigida por Reeves. Por un lado, es un capítulo más o menos acotado dentro de la historia general, casi un episodio de una gran trama dedicado a la creación de un personaje complejo, el de César, adornado por algunos otros que le hacen evolucionar, lo que entroncaría con ese concepto de «narrativa descomprimida» que personalmente aplico al cómic Marvel o series tan populares y aceptadas como ‘Perdidos’. Por otro, y como continuación de esto, se trata de un remake más o menos confeso de ‘La rebelión de los simios’ (J. Lee Thompson, 1972), que se inserta muy bien en una historia con un enorme arco, que comenzaría en la reciente ‘El origen del Planeta de los Simios’ (2011) y acabaría en la quinta y última entrega de la saga original, ‘Batalla por el Planeta de los Simios’ (1973).

Y a la vez, y esto es más importante, la que nos ocupa parece tan preocupada o más que ellas en profundizar y continuar en la gran metáfora social de la idea original, que de la lucha por los derechos civiles de los sesenta y setenta aparece convenientemente actualizada y ampliada para representar el conflicto (humano pero, en el fondo, económico) entre los dos bloques de Oriente y Occidente. Todo ello sin que se resienta la acción y la aventura, de hecho muy bien ampliada respecto a la película anterior de Wyatt. En suma, un gran espectáculo que combina emoción y acción para erigirse como una de las mejores aventuras del año.

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