Crítica: El castor

El Castor, con Mel Gibson

Título: El castor
Título original: The beaver
Directora: Jodie Foster
Género: drama, comedia
Fecha de estreno: 27 de mayo
Intépretes: Mel Gibson, Jodie Foster, Anton Yelchin, Jennifer Lawrence
El castor, trailer español
¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ Pese al escaso riesgo del filme, un descomunal Mel Gibson consigue que todos seamos Walter Black.

El castor, dirigida por Jodie Foster, es un correcto melodrama que, sin embargo, debe ser recordado como la mejor actuación de Mel Gibson, un actor dotado de una capacidad para imprimir locura, deseo, humor y desesperación a todos sus personajes que aquí alcanza su cénit de una manera que, para un servidor, no resulta en absoluto inesperada.

No obstante, hay en El castor muchos más puntos de interés. A pesar de estar varias veces a punto de caer en el abismo del drama de sobremesa, la Foster directora –que demuestra su generosidad como actriz renunciando a disputar el protagonismo a Gibson o incluso Anton Yelchin – explota con sensibilidad tanto el componente de drama familiar como el humor chocante de la historia de una manera que hace que lo difícil parezca, quizá, demasiado fácil.

El resultado es un filme que mezcla una visión del individuo oscura y desesperada con toques abundantes de optimismo y vitalidad -e incluso absurdo- que lo hacen extremadamente atractivo pese al escaso riesgo de su envoltorio. Su apología de la familia moderna, disfuncional a la fuerza, compleja y representativa, carece de excesivas pretensiones y sólo tiene los sentimentalismos necesarios. Existen defectos y asperezas en ella, quizá demasiados, y también episodios innecesarios (como esa aventura mediática de Walter Black, que nunca pasa a ser relevante más que como visualización de algunos sentimientos) que no laminan la psicología de los personajes. Foster siempre ha sido una directora con músculo para las historias intimistas y su puerta abierta al optimismo no debería ser considerado un inconveniente.

Lo último, pero lo más importante, es la presencia de Mel Gibson. Desde la primera entrega de Arma Letal he admirado a este actor y director polémico y creativo, capaz de ejercer tanto de galán maduro como de héroe oscuro con una riqueza de matices, aplomo y verismo simplemente incuestionables. Su descenso personal a los infiernos y la destrucción de su reputación por su reciente escándalo personal es harina de otro costal, pero lo cierto es que en El castor se confunden persona y personaje: no se sabe si Gibson está utilizando inconscientemente esta notable película como carta de perdón pública tanto como su personaje, el entrañable Walter Black, usa el improvisado castor como última y desesperada vía para mantener la cordura y los lazos con los suyos. En todo caso, su personaje, poliédrico y tridimensional, aparece en la pantalla como una persona real, viva y palpable. Gibson lo logra con la facilidad de los más grandes, y eso no pasa en demasiadas ocasiones.

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