Crítica: ‘El congreso’

Curiosa y a ratos fascinante mezcla de animación, ciencia-ficción y crítica a Hollywood protagonizada por una estupenda Robin Wright.

Fotograma de 'El congreso'

En ‘Vals con Bashir’, el realizador Ari Folman ofreció una original mezcla de documental y animación para contarnos las experiencias de soldados israelíes en el Líbano.

Su siguiente trabajo, ‘El congreso’, vuelve a ser un particular híbrido donde se combinan realidad, ficción y dibujos animados en una adaptación libre de ‘El congreso de futurología’, novela del escritor polaco Stanislaw Lem. Su particular versión añade un particular tono metacinematográfico al utilizar como protagonista a una actriz real, Robin Wright, bella intérprete que ha triunfado en películas como ‘La princesa prometida’ o ‘Forrest Gump’. El cineasta usa elementos de la propia persona real, como el evidente envejecimiento de su rostro y una irregular carrera que no le ha permitido ser una estrella de primera línea que podría haber sido.

Sin embargo, a pesar de contener elementos de la propia Robin Wright, la actriz encarna a un personaje que se llama igual que ella y se le parece en muchos aspectos, pero que no es exactamente la intérprete. Todo ello para mostrar la devoción que Hollywood siente por la belleza y la juventud, y el ostracismo que somete a aquellos que se adentran en la madurez. En cierta medida, por lo menos en una primera parte, se convierte en una particular versión siglo XXI de ‘El crepúsculo de los dioses’.

Curiosamente, la era digital hará posible que el aspecto de los astros de la gran pantalla no se deteriore, aunque para ello tenga que desvincular a la imagen del propio intérprete. A cambio de una suma de dinero por parte de los grandes estudios, los actores, como Robin Wright en el filme, pueden dejar de trabajar a cambio de permitir que los recreen electrónicamente. Serán, como cantaba Dylan en una de sus canciones, siempre jóvenes. Un contrato de resonancias faústicas que permitirá ampliar la fama y la celebridad casi hasta el infinito.

No obstante, la película va más allá de ser la historia sobre una estrella caída en desgracia y recuperada gracias a los avances informáticos. Casi como si fuera una segunda parte, el largometraje, que hasta entonces había apostado por la imagen real, da un vuelco más o menos brusco cuando la actriz, retirada durante dos décadas para cuidar a su hijo enfermo, decide acudir a un congreso para el que tiene que convertirse en un dibujo animado.

Curiosamente, en este mundo psicodélico se dará cuenta que tanto su imagen como la de otros famosos es replicada como parte de la habitual pasión de gran parte del público por la celebridad. Es una forma de huir de un mundo real que se ha convertido en un infierno.

Ambiciosa e inabarcable, ‘El congreso’ es, a la vez, una reflexión sobre la fama y la celebridad, un melodrama sobre el amor entre una madre y su vástago enfermo, una distopía acerca de un futuro donde la gente prefiere evadirse de la realidad y una alucinada película animada con resonancias de cintas como los trabajos de los hermanos Fleischer o ‘El submarino amarillo’, la película de The Beatles.

No obstante, la película no sería lo mismo sin Robin Wright, estupenda en su madurez como esa mujer frágil y fuerte a la vez, o un maravilloso Harvey Keitel, que da vida a ese fiel agente que le ha acompañado durante toda su carrera.

Título: ‘El congreso’
Título original: ‘The Congress’
Director: Ari Folman
Género: Animación, ciencia-ficción.
Fecha de estreno en España: 29 de agosto de 2014.
Intérpretes: Robin Wright Penn, Harvey Keitel, Danny Huston, Paul Giamatti, Frances Fisher, Kodi Smit-McPhee, Michael Landes, Sami Gayle, Matthew Wolf, Jon Hamm, Michael Stahl-David.
¿Debo ir a verla? ★★★★☆

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