Crítica: El gato desaparece

Titulo: El gato desaparece
Director: Carlos Sorín
Género: thriller psicológico
Duración: 89 minutos
Fecha de estreno: 25 de noviembre
Intérpretes: Luis Luque, Beatriz Spelzini.
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Sorín se pasa al cine de suspense, y no comete casi ningún error.

Puede sonar un poco presuntuoso, pero hay películas a las que les sobran uno o dos planos. Sin ellos, ganarían varios puntos. En este sentido, sobre algunos casos concretos (me viene a la cabeza uno reciente, el plano del feto en la rumana 4 meses, 3 semanas y 2 días) han corrido caudalosos ríos de tinta. Pienso que esto depende del tipo de cine ante el que nos encontremos. A Michael Bay le pueden sobrar centenares de planos en cada film y su público no se quejará, pero en círculos más cinéfilos una sola decisión de montaje puede costarle a un autor todo su prestigio.

En fin, que todo esto viene a cuento de la inclusión de un plano hacia el final de El gato desaparece, sobre el que únicamente diré que aparecen unas gafas, y que supone una inexplicable sobreexplicación al desenlace del film. Hasta entonces, el trabajo de contención informativa de Carlos Sorín resulta admirable. De hecho, el cineasta argentino, en un giro estilístico respecto a sus films más conocidos (Historias mínimas, Bombón el perro), se decanta por el suspense y es capaz de mantenerlo vivo durante todo el metraje sin que haya en casi ningún momento una verdadera realidad criminal que lo sostenga.

Hay por tanto que apreciar el trabajo hecho por Sorín, que ha conseguido poner orden en el caos que caracteriza habitualmente a su cine, sin que este pierda sus cualidades (la importancia trascendental de lo gestual). Frente a los no actores cuyas presencias monopolizaban su obra anterior, el director ha optado en esta ocasión por la profesionalidad y el talento de Luis Luque y Beatriz Spelzini, que sostienen magistralmente la película en su duelo interpretativo. El tremendo parecido de la actriz con Isabelle Huppert no es lo único que emparenta al film con el cine de Chabrol, aunque el gran referente en la construcción del relato (y esto es lógico tratándose de suspense) es Hitchcock.

En oposición a la improvisación de otras veces, Sorín ha jugado en El gato desaparece a la planificación absoluta, a trabajar con un guión de hierro. Y la jugada le ha salido casi perfecta. Solo nos queda maldecir a ese plano sobrante.

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