Crítica: ‘El ladrón de las palabras’, todos los actos tienen consecuencias

Brian Klugman y Lee Sternthal dirigen y escriben la que es su ópera prima, una trama laberíntica sobre la atribución artística de un libro.

el ladron de las palabras

Para los amantes de las clasificaciones, la mayor de todas, en lo referido al cine, podría ser que hay dos tipos de películas, buenas y malas. Sería estupendo que todas las películas fuesen buenas, pero no es así y hay que aguantarse. Y ahora la pregunta del millón de la crítica de hoy: ‘El ladrón de palabras‘, película que nos ocupa, ¿es buena o es mala? (redoble de tambores trtrtrtrtrtrtrtrtrtrtr) Es mala ¡qué le vamos a hacer! No es que sea malísima ni que haga que quieras cortarte las venas de desesperación pero es mala. Vamos, que buena no es.

En primer lugar es una película bastante previsible (había escrito “muy previsible” pero no, solo lo es bastante, que es menos que muy pero más de lo permisible). Desde el primer momento tiene un tufillo a película ya vista, a que sabes lo que va a ocurrir. Y si tienes la sensación haber visto ya la película, dime tú qué hacemos. Ya de por sí le falta lo principal que es enganchar al espectador. Y ese es un problema muy difícil de superar.

El argumento de la película es simple. Rory Jansen es un escritor que obtiene el éxito y el reconocimiento artístico y social al publicar una novela que no fue escrita por él. Este argumento sirve para plantear la tesis del film. Es posible engañar a todo el mundo y vivir como alguien de éxito de puertas para afuera pero al final, uno rinde cuentas consigo mismo y ahí no es posible engañarse, hay que vivir con la angustia y el desasosiego de saberse una farsa.

Brian Klugman y Lee Sternthal coescriben un guión sin mucho interés y codirigen una película menor. Es la primera incursión de ambos tanto en la escritura de guión como en la dirección, así que es normal que sus nombres no te hayan sonado reconocibles al leerlos.

En ‘El ladrón de palabras’ conviven en realidad tres historias diferentes; la de el escritor usurpador protagonizada por Bradley Cooper (‘Resacón en Las Vegas‘), la del verdadero escritor de la novela que es un flashback melodramático pasado de vueltas con una pobre ambientación de la época de la Segunda Guerra Mundial y los años posteriores, y por último la historia de Denis Quaid (‘El chip prodigioso’) que interpreta a Clay Hammond, un importante escritor que lee en una acto público un pasaje de su exitosa novela que cuenta, precisamente, la trama principal de la película, la del escritor que se adueña de una novela que no es suya. La historia de Denis Quaid apunta a que la historia que narra en su libro es una historia autobiográfica.

‘El ladrón de palabras’ es una película que no es capaz de generar ambientes con eficacia, con un excesivo y mal entendido dramatismo y que solo es capaz de crear incertidumbre en el espectador cuando el protagonista, Rory Jansen, el personaje al que da vida Bradley Cooper, se debate entre confesar al mundo que él no escribió la novela o callar para siempre y vivir como un impostor pero rodeado de éxito.

Si vas al cine a verla espero que por lo menos a ti sí te guste. Ya se sabe que lo de los gustos es algo muy personal y lo que para mí puede ser una mala película para ti puede ser la película de tu vida. En cualquier caso, que la disfrutes.

Título: El ladrón de las palabras
Director: Brian Klugman y Lee Sternthal.
Duración: 97 minutos
Fecha de estreno: 31 de octubre de 2012
Intérpretes: Dennis Quaid, Jeremy Irons, Bradley Cooper, Zoe Saldana, Olivia Wilde.
¿Debo ir a verla? ★★☆☆☆ Argumento simple y carente de ambientación

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