Crítica: En tierra de sangre y miel

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Título: En tierra de sangre y miel
Título original: In the land of blood and honey
Director: Angelina Jolie
Género: drama
Duración: 126 minutos
Fecha de estreno: 2 de marzo de 2012
Intérpretes: Zana Marjanovic, Goran Kostic, Rade Serbedzija, Nikola Djuricko, Branko Djuric, Dolya Gavanski.
¿Debo ir a verla? ★½☆☆☆ Fallida y bienintencionada historia de amor con la Guerra de los Balcanes como telón de fondo.

El debut como realizadora de Angelina Jolie demuestra que las buenas intenciones no bastan para hacer una película verdaderamente relevante. Parece que la actriz ha puesto en su primer trabajo como realizadora más de su labor como embajadora de buena voluntad de ACNUR que de su experiencia a las ordenes de cineastas tan prestigiosos como Clint Eastwood o Michael Winterbottom.

La estrella muestra en su debut los desmanes y las violaciones de los Derechos Humanos que se produjeron en la antigua Yugoslavia, aunque lo hace sin ningún tipo de garra. Vemos los asesinatos, contemplamos el genocidio de los musulmanes y observamos la terrible situación de muchas mujeres durante aquel terrible conflicto, pero poco de ello nos conmueve realmente.

Tampoco la historia de amor de la musulmana y el soldado serbio que vertebra la trama acaba por funcionar. Pese al buen trabajo de Zana Marjanovic, nunca nos creemos la supuesta pasión incendiaria que siente por su amante, un excesivamente frío Goran Kostic. Por si fuera poco, la ideología claramente fascista del ejército serbio se subraya una y otra vez a través del padre del militar, un alto mando del ejército al que da vida el siempre convincente Rade Serbedzija. En este sentido, Jolie cae en la trampa de mostrar de manera demasiado explicita sus intenciones.

Por si fuera poco, la actriz tampoco se muestra especialmente diestra en la puesta en escena. La mayoría del largometraje está rodado como un vulgar telefilme, a excepción de las escenas del combate  final, donde la directora confunde acción con barullo.

La puntilla al desbarajuste lo pone un guion  que reincide en los mismos temas una y otra vez, y se alarga excesivamente hasta las más de dos horas de duración. Parece que la estrella se saltó la clase donde se explicaba el concepto de elipsis.

En definitiva, En tierra de sangre y miel carece de la pasión que debería presidir una historia de amor durante un conflicto bélico. Jolie tendría que aprender de Douglas Sirk, un director que supo inyectar pasión a un romance en tiempos de guerra en su maravillosa y demasiado desconocida Tiempo de amar, tiempo de morir.

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