Crítica: Green Lantern

Green Lantern

Título: Green Lantern
Género: aventuras
Duración: 110 minutos
Fecha de estreno: 29 de julio
Intérpretes: Ryan Reynolds, Blake Lively, Peter Saarsgard
Green Lantern, trailer español
Nuevo trailer de Green Lantern
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆

Green Lantern representa el intento de DC Comics de plasmar su galería de personajes en la gran pantalla al margen de sus joyas de la corona, Batman y Superman. Y subrayo lo de intento. El buen nivel visual del producto y su aroma tradicional y académico son sus mejores bazas, pero la película firmada por Martin Campbell (Casino Royale, Goldeneye) tiene aún así graves problemas.

Porque Green Lantern acusa el síndrome de las primeras entregas: pide a gritos más desafíos y aventuras y menos explicaciones manidas, sobre todo cuando éstas hacen referencia a un héroe cuyos poderes nunca son visualizados en la pantalla con el debido sentido épico, y cuyo pasado y problemas personales nunca nos interesan. La transformación en héroe de Hal Jordan, simplemente, no captura al espectador. Por extraño que pueda parecer, en Green Lantern lo que seduce más son las secuencias estelares, filmadas con pantalla verde, que todo lo que hace referencia a sentimientos humanos, algo que ni el guión ni el director aciertan a plasmar con el debido sentido de la maravilla.

A Campbell se le ha acusado en diversas ocasiones de ser un artesano al servicio de tramas convencionales y franquicias agotadas -como la saga James Bond, de la que ha dirigido dos de sus mejores entregas-, y en Green Lantern tiene que hacer enormes esfuerzos para sujetar el tinglado. Afortunadamente, Campbell tiene en nómina al que aquí se convierte en su mejor aliado para hacer avanzar la historia, su montador habitual Stuart Baird: entre ambos se las arreglan para superar la notable falta de motivaciones del libreto haciendo que cada secuencia dure lo adecuado, incluso cuando éstas resultan demasiado plausibles por separado.

Eso sí, Martin Campbell, director al que admiro y admiraré, carece del sentido del humor de Sam Raimi (Spider-Man), la paranoia intelectual de Christopher Nolan (Batman Begins y secuelas) y el estilo retro y coral de Matthew Vaughn (X-Men: Primera Generación), por poner tres ejemplos. Eso, combinado con la monotonía que desprenden los lugares comunes del guión, condena la película a un segundo o tercer lugar por detrás de las más grandes del género. Su puesta en escena resulta eficiente, elegante y nunca extenuante, y convierte Green Lantern en un cómodo filme de superhéroes que se mira con gusto, con un puñado de buenos momentos y con un tono situado a medio camino entre la preciosa ingenuidad de títulos como Superman, y el espectáculo enorme requerido a una franquicia comercial actual. Pero aquí necesitaba de un guión más intenso que supiera encantar al espectador con el romance, y vencer su incredulidad en los momentos de aventura.

Eso sí, nos quedan las excelentes composiciones de Peter Sarsgaard, el verdadero villano de la función y el único actor capaz de aprovechar las oportunidades que le brinda la película (con una transformación física grotesca y perturbadora), e incluso Mark Strong como Siniestro, otro personaje infrautilizado en la trama. Son ellos los que quedan en el recuerdo, y no los guapos maniquíes Ryan Reynolds y Blake Lively.

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