Crítica: Grupo 7

Titulo: Grupo 7
Director: Alberto Rodríguez
Duración: 95 minutos
Fecha de estreno: 4 de abril de 2012
Intérpretes: Antonio de la Torre, Mario Casas, Inma Cuesta, José Manuel Poga, Joaquín Núñez, Julián Villagrán
Grupo 7, tráiler final de lo último de Mario Casas
Grupo 7, segundo tráiler
Grupo 7, teaser tráiler
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Notable policíaco con un puñado de excelentes interpretaciones.

Grupo 7, el cuarto largometraje en solitario del director Alberto Rodríguez tiene una gran virtud: todo lo que vemos en pantalla huele a verosímil, un aspecto que suele brillar por su ausencia en muchos largometrajes españoles que se acercan al policíaco. Los bares, las casas, los prostíbulos y los personajes que pueblan esa Sevilla anterior a la Expo parecen reales. El milagro se debe a un director tremendamente observador con su entorno, unos actores ajustados a sus papeles y un magistral trabajo de dirección artística.

Todo confluye en Grupo 7 para que nos creamos a este grupo de policías especializados en estupefacientes que trabaja en Sevilla durante los últimos años setenta. Rodríguez se centra en los dos cabecillas de esta peculiar banda de agentes de élite: Rafael, un hombre de métodos expeditivos que suavizará su carácter cuando conozca a una joven enganchada a la droga, y Ángel, un joven que irá poco a poco endureciéndose con el contacto de la calle.  A la vez, el director muestra el  paisanaje lumpen de la ciudad hispalense y retrata con especial cariño a uno de los compañeros de los protagonistas, un policía enamorado de una prostituta.

Rodríguez toma como modelo referentes estadounidenses, especialmente la infravalorada Distrito Apache y la serie de televisión Canción triste de Hill Street, aunque adaptándolas a la realidad andaluza de los ochenta. Al igual que sus  referentes, opta por centrarse en el retrato de personajes, aunque aderezando la historia con las habituales escenas de acción.

Con un pulso firme, el director andaluz nos ofrece uno de los mejores thrillers del cine español de los últimos años. Le ayuda un reparto estupendo, donde destacan los trabajos de Antonio de la Torre, que borda su papel de policía huraño y agresivo que esconde un gran corazón, y un magistral Joaquín Nuñez, patético y tierno como ese agente que se enamora hasta las trancas de una puta. También merece destacarse la aceptable actuación de Mario Casas, un joven actor que demuestra por primera vez que es algo más que una cara bonita.

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