Crítica: Harry Potter y el misterio del príncipe

Harry Potter y el misterio del príncipe

Título: Harry Potter y el misterio del príncipe
Título original: Harry Potter and the half-blood Prince
Director: David Yates
Género: aventuras, suspense
Duración: 150 minutos
Intérpretes: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Michael Gambon, Jim Broadbent
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Harry Potter y el misterio del Príncipe: aventura interrumpida
¿Debo ir a verla? ★★☆☆☆ La propuesta está condenada por una adaptación de la novela fallida, extraña en su dualidad argumental y con graves problemas de ritmo.

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El problema de las adaptaciones literarias ha sido uno de los que más ha preocupado a los creadores cinematográficos desde el nacimiento del séptimo arte. Frente a la habitual solución basada en la fidelidad, artistas como Orson Welles, Alain Resnais o Stanley Kubrick han propuesto opciones más llamativas y arriesgadas, que en pocas ocasiones han encontrado seguidores. Sobre todo cuando el texto a adaptar entra dentro de la categoría de best-seller, el respeto escrupuloso se ha antojado como la única posibilidad.

Desde que se inició hace ya casi una década la saga de Harry Potter, ese respeto ha sido la regla a seguir, y las diferentes entregas se han salvado con mayor o menor suficiencia. Desde Harry Potter y el cáliz de fuego, estaba claro que la longitud de las novelas era un escollo que había que salvar a base de suprimir algunas partes de las mismas. Aquella cuarta entrega sobrevivió a la amputación gracias a la intensidad del argumento, mientras que Harry Potter y la Orden del Fénix se apoyaba en los valores del cine espectáculo para dejar sin respiro al espectador. Sin embargo, esta sexta entrega, en la que repite tras las cámaras el realizador David Yates, no consigue pasar el corte.

El problema está claramente en la adaptación, ya que el resto de aspectos de la producción funcionan una vez más a la perfección. En cuanto a decorados, maquillaje, banda sonora o efectos especiales la saga siempre ha estado muy bien servida. Con el reparto además han tenido suerte, ya que a la estimulante presencia de los más reconocidos nombres de la interpretación en el Reino Unido (a los que en esta ocasión se une Jim Broadbent), se suma que los actores jóvenes han sido capaces de afrontar sus papeles sin desentonar (el problema de las actuaciones de los actores infantiles puede ser tan peliagudo como el de las adaptaciones).

David Yates demuestra además muy buen gusto en la elaboración de los planos, confiando en una fotografía muy correcta. El problema es que al enfrentar todo este derroche de producción y de lucimiento formal con un guión extraño y algo pobre, el resultado es cuanto menos aparatoso, y la sucesión de escenas no termina de encontrar un ritmo que nos conduzca satisfactoriamente al desenlace.

¿Qué ha hecho mal el guionista Steve Kloves a la hora de enfrentarse a la novela de J.K. Rowling? La respuesta es dotar al argumento de dos tramas principales, en lugar de centrarse solamente en la realmente importante para dejar a la otra en una condición simplemente accesoria. Concretando, el enfrentamiento entre el bien y el mal, entre Harry Potter y Voldemort, ha sido desde el principio el objeto central de la saga (supongo que eso nadie lo pone en duda), por lo que los amores y desamores de los adolescentes protagonistas deben permanecer en un segundo plano, como una simple afectación de sus estados de ánimo de cara a las acciones que realizan en esa trama central.

Sin embargo, las cosas no se han planteado de esa manera, y durante un largo rato de Harry Potter y el misterio del príncipe, no hay rastro de aurores, mortífagos o señores oscuros. Se nos ha escamoteado lo más interesante de la novela original: la historia de la familia Ryddle, que no dejaba de ser al fin y al cabo una manera de caracterizar a Lord Voldemort, cuyo presente dejó Rowling fuera del texto en una decisión arriesgada (eso sí se ha respetado en el film). Ese crecimiento en el conocimiento de la némesis del protagonista nos hubiera servido también para chequear las cualidades del propio Potter. Por el contrario, han decidió centrarse en pociones amorosas e irritantes comportamientos de quinceañeros con problemas hormonales.

En definitiva, estamos ante la más decepcionante y aburrida de las entregas de la saga. Nos queda el consuelo de que Harry Potter y las reliquias de la muerte, la conclusión del relato, se estrenará en dos partes, por lo que habrá que reducir menos el contenido de la novela y la cosa por lo menos tendrá un sentido, aunque sea el que quiso darle J.K. Rowling (de los directores adheridos a la saga, solo Alfonso Cuarón supo aportarle algo de su personalidad como cineasta). De aquí solo recordaremos la dramática parte final, a pesar de lo ridícula que ha quedado en pantalla la persecución por los terrenos de Hogwarts. El producto sigue siendo extraordinario, pero esto se podría haber hecho mucho mejor. Respecto al argumento, pasa un poco como en El señor de los anillos tras Las dos torres: estamos más o menos igual que antes, solo que ahora la victoria del bien está mucho más difícil.

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