Crítica: Harry Potter y las Reliquias de la muerte. Parte II

Harry Potter y las reliquias de la muerte: Parte II

Titulo: Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte II
Título original: Harry Potter and the deathly hallows. Parte II
Director: David Yates
Género: aventuras, fantasía
Duración: 130 minutos
Fecha de estreno: 15 de julio
Intérpretes: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Ralph Fiennes, Alan Rickman.
Último Trailer: Harry Potter y las Reliquias de la muerte. Parte II
Todos los posters: Harry Potter y las Reliquias de la muerte. Parte II
Primer tráiler: Harry Potter y las Reliquias de la muerte. Parte II
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Imprescindible para los que disfruten con los finales épicos y para los que hayan seguido la saga en algún momento. (Nota: Con las gafas 3D, a veces está todo un poco oscuro)

Ya han pasado algunos años desde que J.K. Rowling, por entonces una madre soltera con escasos recursos, desplegara decenas de folios llenos de anotaciones en la mesa de una cafetería de Edimburgo. Harry Potter, la saga que allí creó, se ha convertido en uno de los fenómenos más populares, junto a los Beatles o La Guerra de las galaxias, de la sociedad globalizada de masas. En este fin de semana de mediados de julio de 2011, con el estreno mundial en los cines de Harry Potter y las Reliquias de la muerte. Parte II, la adaptación de los últimos capítulos escritos sobre el personaje, la historia llega a su fin.

Potter hasta hoy

Si utilizamos un término habitual de curso de guión, el plot point (el punto de giro) de la historia de Harry Potter se produjo al final de la cuarta entrega, El cáliz de fuego, cuando el innombrable Lord Voldemort regresaba dispuesto a llevarse por delante al “chico que sobrevivió” y a sus amigos. Hasta entonces, la saga había transcurrido entre la efectividad de las dos primeras entregas, las más infantiles, con el artesano Chris Columbus al mando, y una tercera parte, El prisionero de Azkabán, que ha terminado siendo la cima artística en torno al personaje gracias a la imaginativa puesta en escena de Alfonso Cuarón, que tuvo que cargar con el menos inspirado de los libros de Rowling. El problema es que a pesar de sus logros se recaudaron menos centenares de millones de los esperados.

La Warner prescindió de los servicios del mexicano, y tampoco debió quedar demasiado contenta con la labor de Mike Newell, el realizador de El cáliz de fuego, que fue incapaz de reflejar todo el dramatismo de ese momento cumbre que antes mencionaba. Puso entonces la saga en manos de David Yates, un director desconocido procedente de la televisión y que presumiblemente no les iba a dar demasiados problemas. Con él llegaron La órden del fénix y El misterio del príncipe, dos adaptaciones insuficientes desde la óptica de la puesta en escena y también desde el guión, que elimina sin piedad algunos de los mejores fragmentos del libro y confunde a los espectadores menos avanzados al no explicar convenientemente ciertas situaciones.

Aún así, también se le encomendó a Yates la dirección de las dos partes en que se decidió dividir el libro final, Las reliquias de la muerte. Al contar con más metraje, la saga ha vuelto a apoyar todo su peso, casi tanto como en los trabajos filmados por Columbus, en las novelas de Rowling. Y de esa forma ha salido ganando. Si la Parte 1 era más bien remolona, anticlimática, la Parte 2 no escatima en espectáculo, ofreciendo esa explosión épica que se venía anunciando desde el principio de la historia y que hasta el momento solo había aparecido de forma aislada.

Un final a la altura

No deja de ser ciertamente valiente que Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte 2, esa producción inmensa que está llamada a ser vista por decenas de millones de personas en apenas unos días, se inicie con dos largos diálogos, filmados según la tradición del plano/contraplano. Pero lo que sigue a partir de ahí es un incesante torbellino de revelaciones, batallas, misticismo y momentos heroicos que engulle al espectador y no lo suelta hasta el epílogo.

Esta última entrega es principalmente, como lo fueron todas las anteriores, un producto brillante, casi inmejorable. El cuidado en la dirección artística, la música (la saga se inició con los sonidos del maestro John Williams y finaliza con los del no menos talentoso Alexandre Desplat) y los efectos especiales debería servir de lección a otros blockbusters difícilmente soportables (la penosa factura de La saga Crepúsculo, los ridículos guiones de Transformers y Star Wars). Por no hablar del extraordinario elenco de secundarios, un all star de intérpretes británicos en el que destaca un Alan Rickman al que le han regalado la mejor creación de Rowling, el imprevisible profesor de Pociones Severus Snape. Que los tres jóvenes protagonistas hayan aguantado sin desentonar junto a ellos durante toda esta década es a la vez un mérito y una suerte.

Más allá de que guste o no el final que J.K. Rowling decidió otorgarle a su macroaventura, y del tono algo simplón que siempre ha tenido la saga (no olvidemos que a diferencia de El señor de los anillos, estamos ante un espectáculo pensado principalmente para adolescentes), la película Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte II es un resolutivo ejercicio repleto de épica y emoción. No puede dejar de recordar al Hollywood de otros tiempos la irrepetible ejecución de un producto tan perfecto que parece la obra de alguien con poderes mágicos.

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