Crítica: Iron Man 2

Iron Man 2

Título: Iron Man 2
Director: Jon Favreau
Duración : 100 minutos
Reparto: Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, Mickey Rourke, Scarlett Johansson, Sam Rockwell, Samuel L. Jackson, Jon Favreau.
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Videoclip de Shoot to thrill, tema principal de la película
¿Debo ir a verla? ★½☆☆☆ Interminable exhibición de tecnología y armamento. No conserva de la primera parte ni el carisma de Tony Stark.

Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre, las películas de superhéroes se han convertido en un filón para las majors de Hollywood. Ante el terror y la inseguridad, los estadounidenses necesitaban figuras en las que confiar, y el cine no ha vacilado en proporcionárselas. La primera Iron Man encontró su hueco en medio de esta avalancha de heroicidad. Sin llegar al extremo oscuro, pretendidamente profundo de Batman Begins, la cinta de Jon Favreau también se desmarcaba de la intrascendencia de Los 4 fantásticos. En una curiosa metáfora, el hombre de hierro se forjaba en las cuevas de Afganistán, el mismo lugar del que provenía el horror. Sin embargo, ese interesante punto de partida, ha sido completamente olvidado en esta secuela.

Iron Man 2 se inicia en Rusia, presentando al nuevo villano, y abandonando por tanto desde el primer momento cualquier atisbo de discurso político actual, al menos en apariencia (unos chascarrillos a costa de Irán y Corea del Norte nunca están de más). De ahí pasamos a los mejores momentos de la película. Tony Stark, el multimillonario cool, aparece convertido en el stand up comedian de los superhéroes. El es el hombre que todo ciudadano corriente desearía ser: irreverente, apuesto y el único que ha sido capaz de conseguir la paz mundial, y encima sin plegarse ante las autoridades.

Lástima que el dramatismo termine apareciendo, y lo haga en demasiados frentes. Ahí están el líder tecnológico rival, capaz de cualquier cosa por bajarle los humos a Stark; la novia estresada, con la que Stark dialoga en un tono de comedia screwball menor; los militares, con el amigo sargento que empieza a ponerse nervioso y se queda el traje de hierro; el mencionado ruso loco, cuya presencia se va diluyendo a medida que avanza el metraje; y la nueva y curvilínea secretaria, que termina siendo la puerta de acceso a unos minutos publicitarios de los próximos proyectos de la división cinematográfica de Marvel. Me olvidaba de la dramática enfermedad del protagonista, ya que ser Iron man también tiene sus consecuencias negativas, en forma de muerte por envenenamiento.

Como ven, en esta película hay casi de todo. Y ese es precisamente su gran error, el que la termina condenando al más absoluto de los desastres. El querer contar tantas cosas tiene como consecuencia una hipertrofia narrativa que dificulta enormemente la posibilidad de disfrutar de un film que está hecho precisamente con ese fin, el de ser disfrutado. A ello debemos sumar el interminable despliegue armamentístico y de gadgets tecnológicos que hay que sufrir antes de aterrizar en los esperados fuegos artificiales, que resultan ser bastante menos climáticos de lo esperado. En medio de tantos frentes, el carisma del protagonista se pierde en algún momento.

Hace aproximadamente un año, J.J. Abrams demostró con Star Trek que se podía elaborar un blockbuster con marcas autorales y una narrativa compleja, sin renunciar ni mucho menos al poder lúdico del cine. Desde entonces, seguimos esperando algo parecido. Y estamos empezando a aburrirnos.

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