Crítica: Johnny English Returns

Título: Johnny English Returns
Título: Johnny English Reborn
Director: Oliver Parker
Género: comedia
Duración: 97 minutos
Fecha de estreno en España: 30 de septiembre
Intérpretes: Rowan Atkinson, Rosamund Pike, Gillian Anderson, Dominic West
Johnny English Returns, trailer español
¿Debo ir a verla? ★★☆☆☆ Floja comedia y tardía secuela.

Ocho años, ocho, han pasado desde que la olvidada Johnny English, protagonizada por el popular Rowan Atkinson (Mr. Bean) saltase a la cartelera. Y aunque la cinta cumplió su cometido comercialmente hablando, muchos nos preguntamos si era necesaria una secuela de aquel título pasados tantos años, por mucho que el estereotipo que parodia, el del seductor agente 007, siga todavía en el candelero.

Sea como sea, Johnny English Returns -inexplicable su título español también en inglés, sustituyendo al ‘renacido’ de la versión original- cae en el mismo error que su precedente, y que muchas parodias, spoof movies o simplemente comedias, es decir, la de no decidirse a apostar con fuerza por el absurdo, o por la comedia, valga la redundancia, lo que bloquea casi por completo la posibilidad de desplegar un imaginario propio más allá de los destellos de brillantez de su actor protagonista, o el que ya aportaban las películas en la que se basa.

En Johnny English Returns todo se reduce a hacer una serie de acotaciones cómicas a títulos populares de la saga Bond, con ‘Casino Royale’ a la cabeza, en escenas como la de la persecución en Tailandia, que parece guiñar un ojo a aquella buena secuencia casi al principio de la película de Martin Campbell, y que no acaba de funcionar en la presente. La película es muy poco brillante y además bastante irregular: la labor del británico Rowan Atkinson destaca mucho más cuando plantea el slapstick más físico en forma de anticlimático paréntesis de los clichés de 007, que cuando interpreta realmente el papel de torpe -pero suertudo- agente secreto, momentos en los que la película titubea todavía más que su protagonista al tener que apostar por la acción poco imaginativa, y no por la verdadera comedia. Me refiero, en el aspecto positivo, a gags como el que envuelve al héroe y una silla de despacho, o aquel otro en dentro de unos urinarios, momentos en los que el cómico se siente verdaderamente a gusto y con él el espectador. El director Oliver Parker no da lo mejor de sí en otros que podían haber estado mejor, como aquellos que envuelven a una asesina japonesa de inesperado aspecto, y el equívoco de identidades que esto provoca a lo largo de un filme que tampoco aporta nada más.

Atkinson es un cómico brillante, pero su labor resulta mucho más adecuada en otros formatos, o quizá ejerciendo de secundario, cosa en la que no se ha prodigado en exceso. Johnny English hubiera sido una formidable serie de cortos, o el perfecto invitado especial en una trama más allá de un mero negativo cómico de películas que en sí mismas ya estaban destinadas a divertir. La parodia está adornada –eso sí- por buenos invitados: Rosamund Pike es una actriz que nunca ha acabado de dar lo que tiene, y lo mismo puede decirse de Gillian Anderson, en una aparición que quizá es lo más marciano, por peculiar, de la película.

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