Crítica: ‘La delicadeza’

Somos libres. Esa es la moto que nos quieren vender desde hace muchos años. Y puede que sea verdad, pero desde luego no es una libertad absoluta ya que está inhibida política, social y económicamente. La gran mayoría de las veces tomamos nuestras decisiones más pendientes de lo que los demás esperan de nosotros que por nuestra propia voluntad. Nos dejamos coaccionar por nuestro propio entorno y desoímos nuestros verdaderos deseos. No parece que sea la postura correcta para alcanzar la meta soñada de la felicidad. Estoy convencido, y no necesito haber leído ninguno de ellos, de que los manuales de autoayuda propagan a los cuatro vientos que para sentirnos realizados, plenos y bla, bla, bla… tenemos que hacer aquello que realmente nos llena sin importar lo que piensen los demás. La teoría es fácil, pero la práctica…

la delicadeza

Markus y Nathalie, una atípica pareja.

Nathalie conoce a François, el prototipo de hombre que toda mujer querría tener a su lado, guapo, inteligente, ingenioso, divertido y cariñoso. Juntos, la vida es de color de rosa, el sol brilla en el cielo, los pajaritos cantan alegres a su paso… así que contraen matrimonio y la felicidad es total hasta que la fatalidad golpea a la pareja y François deja, trágicamente, el mundo de los vivos. (Leer el entrecomillado con tono melodramático y grandilocuente) “Nathalie es sacudida salvajemente” y durante tres años se refugia por completo en su trabajo dejando de lado por completo su vida personal. Hasta que conoce a Markus, un compañero de trabajo más bien feúcho con el que empieza a socializar.

Hay dos partes bien diferenciadas en el film, antes y después de la aparición de Markus. La primera parte resulta un pastiche con exceso de azúcar tremendamente cursi. Esta parte podría ser descrita como una princesita con cara de muñeca vestida completamente de rosa. La pareja es perfecta guapos, inteligentes, tienen todo lo que pueden desear en su vida, ¡si hasta los padres de ambos resultan modélicos! Sinceramente, la perfección del personaje de François, interpretado por Pio Marmaï, me resulta irritante. Será envidia o yo qué sé qué pero no me lo creo. No resulta verosímil todo ese cúmulo de bondades.

Cuando aparece Markus la película gana vida. Markus es un sueco afincado en Francia que trabaja para Nathalie. Al pensar en un sueco es fácil imaginar a un fornido vikingo de rubia melena y ojos azules. Y sin embargo este sueco no tiene nada que ver con lo anterior. Es alto, sí, pero desgarbado, completamente descoordinado. Parece como si al caminar fuese a desmontarse. Y eso por no hablar de su carita. Por decirlo de una manera políticamente correcta, sus facciones no son armónicas. Tiene los dientes mal repartidos y es calvo al punto de parecer una pelusa de campo de esas a las que cuando les soplas salen volando. No es que no sea físicamente agraciado, es que físicamente es desgraciado. Por si fuera poco es una persona torpe e insegura. Es un personaje similar a los encarnados por Woody Allen en sus películas pero desprovisto de intelectualidad. Vamos, un canastito de chucherías que supone la antítesis de Nathalie, una mujer guapa, decidida, eficiente pero que ha decidido dejar de lado su vida social y volcarse en el trabajo para superar la muerte de su amadísimo esposo.

la delicadeza

Cómo superar el primer (y perfecto) amor.

La casualidad hace que Nathalie y Markus comiencen a pasar tiempo juntos, a compartir cosas. Van al teatro, salen a cenar, a beber algo por la noche pero todo lejos de la carnalidad. Se establece entre ellos una estrecha relación de amor-amistad. Poco a poco Nathalie comienza a superar sus miedos a abrirse al mundo a recuperar su vida. Entablan una relación que se encuentra lejos de la convencionalidad y pasan por encima de lo que la gente pueda opinar. A la vista de los demás Markus resulta muy poca cosa para Nathalie que debería aspirar a más. Y no es fácil. Surgen infinidad de problemas, de malos entendidos, de tiras y aflojas… Pero independientemente de su físico, Markus resulta ser el tipo de persona que Nathalie necesita: alguien con un gran corazón, cariñoso, detallista. Es así como consigue que ella comience nuevamente a abrirse a la vida, a sonreír, a disfrutar del día a día. Para el antisueco no es fácil tampoco. A priori, el nivel de exigencia que requiere una mujer como Nathalie es muy grande, con lo que sus miedos e inseguridades se acentúan.

Y todo esto ante la atenta mirada y el examen exhaustivo de las personas que forman sus entornos. Personas que esperan que actúen de una manera determinada. Porque al fin y al cabo ¿qué puede haber en el feo de Markus que atraiga a la guapa y competente Nathalie? Es superficialmente incomprensible para el resto del mundo.

Esto es lo que nos plantean los hermanos Foenkinos -David y Stéphane- quienes codirigen el guión escrito por David a partir de su exitosa novela ‘La delicadeza’ que ha sido un éxito de ventas y de crítica en Francia y que se ha hecho con diez galardones literarios. Los Foenkinos presentan una película suave, sin prisas, en ocasiones excesivamente parsimoniosa. Es una cinta, como su propio nombre indica, delicada. Está llena de pequeños detalles, de miradas. Hay un cierto toque de belleza. Si tuviese que describirla con una sola palabra diría que es una película bonita. La delicadeza habla de las relaciones humanas. De por qué y cómo nos relacionamos con los demás, de nuestros propios miedos, del qué dirán. Es una película muy humana y con ciertas dosis de humor.

El personaje de Markus es interpretado por François Damiens quien borda su torpeza y su cándida estupidez, una estupidez que responde a una fuerte inseguridad. Es Markus el personaje sobre el que se apoyan todas las situaciones cómicas de la película. Audrey Tautou, archiconocida por su papel protagonista en ‘Amélie‘, compone un personaje con varias similitudes con Amélie. Es una chica fina, delicada, inteligente aunque en esta cinta la muerte de su marido la convierte en un persona muy decidida que no titubea en su vida profesional. Más tarde, en su vida personal todo ese aplomo no será tan fácil de sustentar. Su interpretación en correcta, sin alardes… pero ¡es tan bonica!

Estamos ante una comedia romántica de buen gusto con un comienzo chirriante y que luego mejora pero sin terminar de arrancar. Muestra muy bien la relación entre los protagonistas aunque llega un momento en que la narración se estanca (quizás le sobren algunos minutos) y pide un pasito adelante más. Su final, aunque poético y sugerente se hace demasiado precipitado y más teniendo en cuenta la tranquilidad con que se ha ido desgranando toda la película. Es una película dulce, amable, alejada del vértigo de la actualidad. A pesar de que le falta peso es una buena opción si tienes un día tontorrón y andas con necesidad de mimos porque esta película es como una especie de caricia tierna.

Puntuación: 3/5

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