Crítica: La delicadeza

Audrey Tatou en 'La delicadeza'

Titulo: La delicadeza
Título original: La delicatesse
Directores: David Foenkinos, Stéphane Foenkinos
Género: romántica
Duración: 108 minutos
Fecha de estreno: 6 de julio
Intérpretes: Audrey Tatou, François Damiens, Bruno Todeschini.
La delicadeza, tráiler español
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆ Resulta agradable, aunque su pretendida modernidad no es genuina.

Una frase muy de crítico sería: “La delicadeza es algo así como el cuento de ‘La bella y la bestia’ llevado a la actualidad”. Veamos a sus personajes para comprobar la pertinencia de esta afirmación. Nathalie, la bella, es una chica joven, atractiva y con un buen puesto en una empresa de algo. Ha conocido el amor verdadero y el matrimonio, pero por un desgraciado accidente se ha quedado viuda con toda la vida por delante (y casi toda la película, ¡no hemos llegado al minuto 20!).

Markus, la bestia, es un sueco en toda regla (alguien debería estudiar alguna vez porque en Europa del Sur tenemos imágenes preconcebidas tan distintas de los hombres y las mujeres de ese país). Su vestimenta no es precisamente trendy, tiene un carácter de lo más singular y melancólico, y lógicamente no es muy agraciado (“ella vale más que él”, dirán los tropeles de señoras a la salida de las salas). Su éxito con las mujeres es nulo, así que intentar explicar cómo llega a enamorar a Nathalie, que para colmo es su jefa, es algo complicado, un misterio en el que la película se recrea bastante en su segunda mitad.

Parece que el crítico que dijo lo de ‘La bella y la bestia’ tenía algo de razón, aunque resulta más insultante que simpático el hecho de que nadie, salvo la anciana abuela de la muchacha, pueda entender como un bellezón como ella “le hable” a un tipo atolondrado y medio calvo. Si alguien tenía algún tipo de esperanza en que esta fuera una comedia romántica con rasgos novedosos, a estas alturas ya se habrá dado cuenta de que no los tiene.

La delicadeza se deja ver con agrado, gracias sobre todo a los protagonistas, François Damiens (que está también en el reparto de la muy divertida e inédita en España ‘Ni à vendre, ni à louer’) y Audrey Tatou, cuya “carita de Amelie” ya es pasto de melosas baladas; y a un tercer acto que mejora el conjunto respecto a los dos primeros, cargados de vicios narrativos y subrayados. En todo caso, los Foenkinos (uno de ellos, autor del guion basándose en su propia novela) saben a qué están jugando y que no deben defraudar a un grupo de público muy concreto, al que últimamente las distribuidoras españolas tienen bien alimentado. Al fin y al cabo, es el único que sigue yendo a los cines.

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