Crítica: La fría luz del día

La fría luz del día crítica

Título: La fría luz del día
Título original: The cold light of day
Director: Mabrouk El Mechri
Género: acción, thriller
Fecha de estreno: 3 de abril
Intérpretes: Henry Cavill, Sigourney Weaver, Bruce Willis, Verónica Echegui
La fría luz del día, trailer español
Trailer: The cold light of day
¿Debo ir a verla? ★★☆☆☆ Rutinaria e inverosímil, y más grave todavía: inesperadamente torpe.

Los thrillers protagonizados por personajes norteamericanos que, por una u otra razón, se meten en graves problemas en el extranjero, son una constante en el género de acción y suspense. Ahí está ‘Frenético’, de Roman Polanski, o la muy reciente ‘Sin identidad’, con Liam Neeson, por poner sólo dos ejemplos inmediatos. Era cuestión de tiempo, pues, que uno de ellos se ambientase en España, y más en concreto en Madrid y Alicante, como es el caso de La fría luz del día, una cinta de suspense y acción en la que el joven turista que nos guía en la historia se embarca en la desesperada búsqueda de su familia, que ha desaparecido misteriosamente del barco donde pasaban sus vacaciones.

La película está concebida también para lanzar como estrella de acción a su protagonista masculino, un correcto pero justísimo Henry Cavill, apenas unos meses antes de su definitivo desembarco con ‘Man of Steel’, el nuevo filme de Superman que ha rodado Zack Snyder. A pesar de estos mimbres tan convencionales en forma y fondo, La fría luz del día resulta totalmente acorde con la filosofía de las anteriormente citadas, y de hecho podría haber estado a la altura de una cinta tan entretenida e imposible como la propia ‘Sin identidad’, que dirigió el español Jaume Collet Serra en las calles de Berlín, sin ningún tipo de problema.

Lamentablemente y a diferencia de las referencias de las que parte, el director Mabrouk El Mechri (JCVD) no logra en La fría luz del día sembrar ni la más mínima inquietud en el espectador. Le ha tocado despachar un guión que parece pedir a gritos un profundo repaso en los diálogos y en la caracterización de los personajes, y que es de una torpeza tal que resulta imposible la identificación con el punto de partida a un nivel primario. La desaparición de la familia del protagonista en la costa española, al fin y al cabo un lugar extraño para el joven protagonista, es un hecho que debería resultarnos terriblemente angustioso, por mucho que el espectador español no pueda compartir en este caso la barrera del idioma. Pero nada de esto se plasma en la película de El Mechri.

La labor del realizador de origen argelino no maquilla la simpleza e inverosimilitud del material, que era al fin y al cabo lo que se le exigía. Tampoco le ayudan unas interpretaciones que oscilan entre la desgana de Bruce Willis y el afán caricaturesco de Sigourney Weaver, que es la única, de todas formas, que parece disfrutar de las escasas oportunidades que le ofrece el papel. El Mechri hace intentos bastante desacertados y torpes de generar suspense y desasosiego (ese plano en 360ª tras descubrir la ausencia del barco resulta casi amateur), y otorgar cierta entidad a los elementos sentimentales y políticos que el guión distribuye aquí y allá (¡los servicios secretos israelíes campando a sus anchas por Las Ventas!) Pero todo en La fría luz del día resulta torpe y falto de emoción.

En su faceta de cinta de acción, afortunadamente la película coge algo de aire, si bien de forma muy tibia. Algunas escenas destacan por su efectividad, como la escaramuza de los personajes de Cavill y Verónica Echegui en los tejados de un inmueble del centro de Madrid, o la pirotécnica persecución final en automóvil, en la que se extrae un suficiente partido de las calles madrileñas, gracias -probablemente- al diseño de producción del experimentado Benjamín Fernández. Pero El Mechri siempre encuentra la manera de hundir la tensión, ya sea con su mediocre ejecución (como esa huida rodada en una torpe noche americana) o por la simpleza de un argumento imposible, que en sus manos resulta si cabe más caricaturesco.

No entraremos demasiado en los errores de caracterización esperados y esperables en una cinta que, al fin y al cabo, sólo pretende mostrar Madrid como un escenario más o menos exótico e imprevisible para una trama de espionaje, aspecto que -por cierto- acaba siendo lo mejor de la película. Sí lo haremos con la paupérrima labor de doblaje al español, que paradójicamente dinamita la autenticidad del escenario (expresiones como “la has liado parda” o “que pasa tron” aparecen de cuando en cuando en en los diálogos de fondo) y también con la descarada inserción de publicidad a cierto local nocturno madrileño, que el bueno de Henry Cavill lleva estampado en la camiseta durante la mitad del metraje.

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