Crítica: La semilla del mal

La semilla del mal, critica

Título original: The unborn
Director y guionista: David S. Goyer
Género: terror
Duración: 95 minutos
Intérpretes: Odette Yustman, Meagan Good, Jane Alexander, Cam Gigandet, Gary Oldman
Trailer: La semilla del mal
Estreno en España: 16 de enero
¿Debo ir a verla? ★★☆☆☆ Correctito y cómodo terror teen, para pasar el rato y nada más

David S. Goyer ha logrado una aceptable posición como guionista del género fantástico y terrorífico. Reciclado también en director desde la mediocre Blade: Trinity, firma ahora un cómodo terror que se inscribe en la línea de La semilla del diablo o El exorcista, mezclado con los ineludibles remakes del terror oriental, tales como La maldición, El grito, The Ring y similares. Todo visto siempre bajo el prisma el terror teenager, y es que eso es lo que es La semilla del mal: un ordinario y correctito producto que trata de asustar a nuevas audiencias al modo de algunos gigantes precedentes (sin que merezca la pena comparar).

Por supuesto, el film no pierde ocasión de dar sustos: desde el primer segundo Goyer se pone manos a la obra y no desperdicia todos los recursos disponibles: pesadillas, pesadillas dentro de pesadillas, ruidos extraños, niños azules, maldiciones, fantasmas y algún que otro toque sangriento. En ocasiones funcionan (como ese incapacitado reconvertido en una deforme criatura) y otras nos los sabemos o saturan, pero todos aquellos que no busquen algo sensacional pueden verse satisfechos por la correcta factura un producto que no molesta.

The unborn (no confundir, por supuesto, con una cutrez ochentera de Roger Corman) nos cuenta la historia de Casey Beldon, una joven universitaria huérfana de madre que, de pronto, comienza a ser acosada por fenómenos paranormales. Preocupada por las pesadillas y el acoso de sus visiones, Casey sospecha que lo que le intentan revelar le concierne directamente, a ella y a su familia. Por eso acaba contactando con el reverendo Sendak, que al principio se resiste a creerla. Lo que acaban descubriendo llevará a Casey hasta una maldición iniciada durante el Holocausto, y le revela que un maléfico espíritu del folclore judío, el dibbuk, anda suelto e incansable tras ella.

Tras las cuerdas nos encontramos a Platinun Dunes, con Michael Bay ejerciendo como productor. Eso garantiza ya ciertos elementos estilísticos. Una fotografía atractiva, una protagonista guapa (Odette Yustman no puede contagiar su agobio al espectador e ir más allá de una mueca de sospecha constante), imágenes de archivo que revelan tragedias del pasado, un reparto juvenil que acabará bajo tierra antes del desenlace, y unos efectos de sonido que tratan de sobresaltar al espectador y conseguir todo lo que la historia no logra. En definitiva, y por mucho que La semilla del mal trate de ir por la senda del thriller psicológico, un poco de todo para que no falte de nada.

Por el camino nos encontramos a un episódico Gary Oldman y a Carla Gugino, que otorgan un pequeño plus de dignidad al conjunto y algo de seriedad a un film demasiado lineal, que no puede sorprender argumentalmente y que tampoco logra transmitir la necesaria atmósfera en su primera mitad, dedicada a solventar el misterio de las apariciones. Lo que ocurre es que sus esfuerzos no molestan, es entretenido en todo momento y, a pesar de su obviedad (el episodio nazi), sabe contentar a su público (su única pretensión).

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