Crítica: La torre de Suso

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Título: La torre de Suso
Director: Tom Fernández
Intérpretes: Javier Cámara, Gonzalo de Castro, Malena Alterio, Emilio Gutiérrez Caba
Género: comedia
Duración: 100 min.
Fecha de estreno: 9/11/2008
Web oficial

La Torre de Suso supone el debut en la dirección del hasta ahora guionista televisivo Tom Fernández, que teje una comedia acerca de lo que uno arrastra por decisiones erróneas del pasado y las consecuencias que traen después cuando uno trata de madurar.

Cundo es un treintañero que vuelve de Argentina a su pueblo natal en la cuenca minera de Mieres para el entierro de un amigo, Suso. Allí se reune con sus disfuncionales padres (Mariana Cordero y Emilio Gutiérrez Cava) y sus no menos particulares amigos, entre los que se encuentran Fernando (Gonzalo de Castro) o Marta (Malena Alterio), a quienes tratará de recuperar allá donde lo dejó diez años atrás…

Lo que sigue son noventa amenos minutos de Javier Cámara apelando a su simpatía habitual y el tuteo con el público, al igual que su compañero de 7 Vidas Gonzalo de Castro, recordando sin duda tiempos pasados en la memorable serie televisiva (que no en vano el director Tom Fernández ayudó a confeccionar en su faceta de guionista): ningún problema con ello, ya que ambos se saben muy bien el papel, y especialmente el segundo como el inseguro y celoso, encantador Fernando.

Las relaciones de Cundo con su entorno dan para algunos diálogos y situaciones con encanto: sus encuentros con Marta (Malena Alterio), o con la ahora mujer de Fernando están bien pensados, no así algunos episodios para dar más enjundia social al relato y que se quedan en buenas intenciones, como lo relacionado con la inmigración, no del todo bien integrados.

La factura televisiva del producto no beneficia en ocasiones al conjunto, aunque cabe mencionar que no se lleva nada mal con sus apreciables ambiciones: La torre de Suso es una comedia con toques dramáticos -sólo toques, gracias a Dios-, que se ve muy bien gracias a momentos de verdadero ingenio y una sinceridad acerca de los problemas graves que si bien no dramatiza en exceso, si pone en la palestra apelando a la identificación más directa con el público, que consigue.

El director y guionista Tom Fernández realiza así un apreciable debut, una cinta menor pero agradable, nunca deprimente, y en la que, por cierto, delata conocer, como asturiano, los modos y maneras de vida en esos pueblos -la acción se desarrolla cerca de Mieres-, plasmándolos con sinceridad en sus disfuncionalidades, y siempre con un sentido del humor que oscila entre lo amargo y lo absurdo. Apreciable.

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