Crítica: La trampa del mal

La trampa del mal

Título: La trampa del mal
Título original: Devil
Director: John Erick Dowdle
Género: terror
Duración: 85 minutos
Estreno: 4 de febrero
Intépretes: Chris Messina, Bojana Novakovic, Geoffrey Arend
La trampa del mal, trailer español
Trailer: Devil, surgida de la mente de M. Night Shyamalan
¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ Filme de terror y suspense que nos devuelve un poquito del Shyamalan que queremos.

Con La trampa del mal empiezan las Crónicas de Night, una serie de películas de terror en las que el hindú M. Night Shyamalan ocupará el puesto de productor y autor de la historia y aportará parte de su equipo técnico habitual, pero que en ningún caso dirigirá. La duda que nos acecha a todos es si su creador habrá recuperado algo del prestigio perdido, o si significará, nunca mejor dicho, su definitiva condena al infierno…

Todo en La trampa del mal emana un aroma que recuerda a la fecunda mitología de las historietas de terror de Educational Comics, ésa que se prolongó de una manera u otra en décadas siguientes en relatos por entregas como ‘Cuentos asombrosos’ o ‘Tales from the Crypt’. Como en aquellos, el terror en La Trampa del mal alberga un interés moral y ético que -eso sí-, en manos de Shyamalan pierde algo del humor malévolo de los anteriores y aporta en su lugar una diáfana dimensión ética quizá no valiente, pero sí bastante a contracorriente en los tiempos que corren.

Tomando la clásica estructura de los ‘Diez Negritos’ de Agatha Christie, y acotando la acción a un espacio cerrado -aunque sin la rigidez de filmes como ‘Enterrado’: la linea de que envuelve al detective Bowden en el exterior es igual de necesaria-, Shyamalan propone un cuento de terror sobrenatural sencillo y depurado, que recuerda a algunas de sus mejores apuestas como director -el eco de El protegido resuena en sus segundos finales- pero aportando además un clarísimo y fundamental componente religioso y esotérico que tampoco nos es extraño en él. El esperado giro final ‘made in Shyamalan’ implica aquí, como lo hizo en ‘Señales’ (película cuyo recuerdo también aparece en multitud de ocasiones en ésta), algo muy sencillo en su esencia pero que quizá exija un pequeño salto de fe al espectador, de ésos a los que no está demasiado acostumbrado, como decía antes.

La trampa del mal es, simplemente, un cuento de terror con moraleja. Nos encontramos con un filme narrado por un devoto cristiano y esa perspectiva, por tanto, condiciona sin tapujos el resto de un relato de suspense que termina con una confesión y la condonación de una deuda física y trascendental. La película incluso se permite anunciar, vía voz en off, la muerte de algunos de sus personajes principales, lo que no anula instantes de un suspense bastante logrado. No obstante y con este punto de vista, lógicamente a Shyamalan le interesan poco los momentos gore y los golpes de efecto que se suceden a lo largo de la historia. Pero no se asusten: de todo ello hay en grado suficiente en La trampa del mal (esos amenazantes cristales rotos en la pared…), pero nos encontramos ante una brevísima cinta que prefiere potenciar el suspense sobre las visceras.

En el lado negativo encontramos los graves defectos que vienen siendo habituales en las películas de Shyamalan. A pesar de que el filme mantiene el interés más o menos todo su metraje, el acabado de los diálogos es deficiente, así como algunas interpretaciones e ilógicas reacciones de los personajes, por no hablar de determinados giros de una excesiva ramplonería. Pero creo que con La trampa del mal recuperamos algo de ese buen cine de terror del que no abunda, y sobre todo, algo del viejo Shyamalan. Ése que, con final sorpresa o sin él, con el corazón puro y sin ironías ni sarcasmos, nos entreabría con filmes pequeños la puerta de lo desconocido y trataba de cambiar algo en nosotros apelando al prodigio, al milagro… Ése que, pese a lo que digamos, nunca acabó de irse.

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