Crítica: ‘Líbranos del mal’

Eric Bana protagoniza junto a Edgar Ramirez una peculiar mezcla de thriller policiaco y terror demoniaco muy bien planteada y dirigida.

Crítica de Líbranos del mal

‘Líbranos del mal’ es una de esas películas que empiezan verdaderamente bien, y después incluso encuentran la densidad adecuada en su fórmula, animando incluso al más reticente a entrar en la historia… pero que pese a sus incontestables virtudes se desinflan en su desenlace, mucho menos ambicioso de lo esperado. Lo que no impide que sea condenadamente entretenida, y hasta reconfortante dentro del panorama cinematográfico del verano: para empezar, hacía algún tiempo que no veíamos un filme de terror con una mínima vocación realista (tómese el adjetivo con todas las comillas que se quiera) y, sobre todo, sin víctimas adolescentes de por medio.

Si hay algo incontestable en la película, sin embargo, es lo bien que devuelve la experiencia cinematográfica “convencional” al cine de terror, últimamente tan acostumbrado a mediocridades en formato “material encontrado” e innecesarios remakes de películas demasiado recientes. ‘Líbranos del mal’, a diferencia de otras películas miméticas, puede ser acusada de típica y tópica, de ser innecesariamente efectista, e incluso de recordar (y mucho) a ‘El Exorcista’, ‘Seven’ y otro puñado de películas previas (casi todas ellas, por cierto, con cierto sabor noventero). Pero la densidad de todos sus elementos le es propia y existe una razonable sensación de originalidad, al menos mientras dura la verdadera intriga.

‘Líbranos del mal’ mezcla policial de colegas y thriller de psicópatas, dos géneros muy en boga hace ya años y todavía dentro del libro de recetas de Hollywood, pero con un elemento sobrenatural que deriva en la gran moda del cine de exorcismos resucitada a raíz del éxito de ‘Emily Rose’ (dirigida, de manera nada casual, por el propio Derrickson). La cinta trata de anclar -aparentemente- sus pies en la realidad y maquilla sus elementos abiertamente terroríficos con un fuerte componente de procedimental policiaco que se va tornando progresivamente sobrenatural. Eso, y la producción de Jerry Bruckheimer, acostumbrado a blockbusters de enorme tamaño como la saga ‘Piratas del Caribe’, colaboran a esa impresión de empaque un tanto olvidada en los títulos de terror.

Al final, y pese a sus elementos estimulantes, sólo queda el oficio de su director, realmente empeñado en sobresaltar de manera efectista (y a veces demasiado pendiente de sustos fáciles) y de sus actores, realmente adecuados en sus papeles. Se agradece el regreso de un estoico Eric Bana pero, sobre todo, la presencia de Edgar Ramirez con un personaje que nunca llega a caer en la parodia (y ocasiones tenía para ello). No obstante, la película se olvida un tanto de sus ideas iniciales para derivar en algo genérico y mucho menos serio de lo que se prometía. Pese a ello, incluso en sus momentos de grand-gignol, la película está bien rodada y resulta sumamente entretenida, por mucho que al final todo quede en un susto.

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