Crítica: Los chicos están bien

Los chicos están bien

Título: Los chicos están bien
Título original: The kids are alright
Dirección: Lisa Cholodenko
Género: comedia
Duración: 106 minutos
Fecha de estreno: 25 de febrero de 2011
Intérpretes: Julianne Moore, Annette Bening, Mark Ruffalo, Mia Wasikowska, Josh Hutcherson.
Trailer: Los chicos están bien
¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ Se ve con agrado por su simpatía y la naturalidad de los actores, pero en el último tercio pierde la mayor parte de su coherencia.

Hacer este tipo de afirmaciones es siempre meterse en terreno espinoso, pero diremos que Los chicos están bien es una película más necesaria en Estados Unidos, su país de origen, que por estos lares, donde por suerte la familia homosexual dejó de ser algo perturbador para la inmensa mayoría. Lisa Cholodenko ha hecho de la naturalidad la principal característica de la película (en la puesta en escena, en la dirección de actores), y si nos atenemos a su militancia no podemos considerarlo una simple casualidad.

Hasta tal punto está liberada la película de solemnidad, que durante gran parte de su metraje es una desprejuiciada comedia (de las que hacen reír) que se atreve a jugar a los estereotipos lésbicos. Así, a Annette Bening, en un registro sorprendente para ella, le toca la parte seria y responsable de la pareja protagonista, el cabeza de familia. Por su parte, la Jules de Julianne Moore es una mujer con mayores inquietudes y una pasión por vivir que la lleva incluso a mantener relaciones heterosexuales por el simple placer de tenerlas.

La sólida y feliz vida familiar de la pareja y de sus dos hijos, cuya sexualidad también es explorada en sendas subtramas que Cholodenko termina dejando de lado sin más explicaciones, se tambalea cuando entra en escena el ADN con forma de hombre que dio origen a todo. Aunque Paul parece un tipo encantador (sensación a la que contribuye de forma definitiva la interpretación de Mark Ruffalo) y en realidad entra en la historia sin pedirlo, el guión lo repudia en la última parte del film, tachándolo de vividor al que le ha dado por madurar y ser un padre responsable ahora que ya tiene una cierta edad. Con el feminismo y su rechazo al hombre (al otro) hemos topado.

El abandono de los chicos y el desprecio al personaje de Ruffalo son las piedras angulares del decepcionante último tercio del film. Es entonces cuando aparece de ninguna parte una rigurosa defensa de los valores familiares tradicionales (dejando de lado el matiz sexual), que queda reflejada en la sonrojante secuencia en la que Joni cree que sus madres la han dejado en la universidad sin despedirse de ella. Lástima de este desenlace más propio de The blind side, porque si no estaríamos hablando de una comedia intachable y muy entretenida.

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