Crítica: Los Intocables de Eliot Ness

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Baja las escaleras a paso rápido mientras él espera en lo alto. Son casi las doce y escopeta en mano mira el reloj una y otra vez. Es la hora. A sus pies una señora acaba de llegar de viaje, empuja un carrito de bebé y lleva dos maletas. Se dispone a subir escaleras arriba. A Eliot Ness le incomoda que haya un bebé en la zona así que se dispone a ayudarla con el carrito. Un goteo de gente comienza a entrar en la estación y…

…entran los tipos de Al Capone. Eliot Ness ataca pero sin darse cuenta suelta el carrito y éste comienza a caer escaleras abajo. El sonido de las ruedas chocando con los escalones se hace insoportable mientras comienza una matanza en plena estación. La caída del bebé al vacío es inminente. La situación se acelera, Ness no llega y el bebé está a punto de estrellarse contra el suelo. Los tiros resuenan y la sangre corre a borbotones hasta que…

Increible, ¿verdad? Aún recuerdo esta escena de Los Intocables de Eliot Ness (The Untouchables, 1987) y se me ponen los pelos de punta. Cuanta tensión tan bien estudiada y calculada en escasos siete minutos. Brian de Palma es un genio y lo demuestra cada vez que se pone detrás de la lente. El reparto es magnífico: Kevin Costner, Andy García, Sean Connery (Oscar al mejor actor secundario) y Robert DeNiro, entre otros.

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DeNiro haciendo de Al Capone, sí, como lo oyen. Semejante asombro que la escena arriba comentada me supuso la famosa escena del bate, en la que un gracioso y amigable Capone mata a batazos a uno de los suyos durante una cena de gala. Una acción normal si quería continuar con su labor de contrabadista de alcohol en plena Ley Seca durante los años 20. El archiconocido gánster pululaba por Chicago a sus anchas sin que nadie le parara los pies. Pero llegó Eliot Ness, agente federal del Tesoro, que enseñado por Malone (Sean Connery) consiguió apresarle y acusarle por invasión de impuestos. Fíjense, a un asesino detenerle por no pagar a hacienda. Pues sí.

Se trata de un relato cruel, glorioso y muy realista el mayor jefe de la mafia de Chicago y de cómo el empeño de un policía por cazarlo se convirtió en su obsesión. Importante comentar también el apartado sonoro que corre a cargo del grandilocuente Ennio Morricone, lo cual ya es señal de éxito. 119 minutos de metraje para una cinta inolvidable que no debe faltar en tu colección casera de cine.


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