Crítica: Mi semana con Marilyn

Título: Mi semana con Marilyn
Título original: My Week With Marilyn
Director: Simon Curtis
Género: Biopic
Duración: 126 minutos
Fecha de estreno: 24 de febrero de 2012
Intérpretes: Michelle Williams,  Kenneth Branagh, Eddie Redmayne, Julia Ormond, Emma Watson, Judi Dench, Toby Jones.
Mi semana con Marilyn, tráiler y póster español
Oscar 2012, una edición cinéfila
¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ Agradable reconstrucción del rodaje de ‘El príncipe y la corista’.

‘Una adorable criatura’. Así títuló Truman Capote su peculiar perfil de Marilyn Monroe. El célebre escritor se limitó en su particular retrato a contarnos una de las jornadas que pasó con la protagonista de Con faldas a lo loco. El diálogo entre el escritor y la estrella de cine nos muestra a una actriz vivaz y divertida que resulta verdaderamente encantadora.

Mi semana con Marilyn nos enseña esa misma faceta de la estrella, aunque también ofrezca  el lado menos bueno de una intérprete con la que era difícil tratar debido a sus continuos retrasos a la hora de llegar al plato y una inseguridad casi  paralizante. No obstante, siempre que superaba sus complejos y su complicada vida íntima, la intérprete norteamericana conseguía hechizar a la cámara.

El británico Simon Curtis utiliza dos libros de Simon Clark, que recogen su relación con la actriz durante el rodaje de El príncipe y la corista, para ofrecernos un perfil que se asemeja mucho al que nos dio Capote en su particular retrato de la intérprete, aunque también dé la razón a todos que, como Billy Wilder, se quejaron de la escasa profesionalidad de la actriz a  la hora de trabajar.

El largometraje asume el punto de vista de Clark desde un comienzo. Apasionado del cine e hijo de una buena familia inglesa, este futuro documentalista comenzó sus pasos en el cine como tercer ayudante de Sir Laurence Olivier en El príncipe y la corista. Con ese puesto, el entonces veinteañero fue un testigo de excepción de los enfados del actor causados por las inseguridades de Marilyn y, a la vez, supo la difícil situación de la estrella a través de una particular relación donde la necesidad de cariño de la americana se mezclaba con la fascinación cinéfila del inexperto británico.

Curtis narra todo con una corrección cercana al telefilme y centra sus esfuerzos en la magnífica reconstrucción de los años cincuenta británicos y la dirección de sus maravillosos actores. Michelle Williams consigue hacer suyos cada una de las posturas y gestos de Marilyn sin que su trabajo resulte forzado. La norteamericana ha conseguido captar el encanto de su modelo sin acudir en ningún momento al histrionismo. Por su parte, Eddie Redmayne sabe imprimirle la necesaria ingenuidad a ese chico que se ve deslumbrado por la estrella. Igualmente impresionantes resultan Kenneth Branagh, que nunca sobreactua como un Laurence Olivier que tiene que reconocer que el cine no es lo suyo, o una genial Judi Dench, en el papel de veterana actriz comprensiva que ya está de vuelta de casi todo.

Agradable y sencilla, Mi semana con Marilyn no pasará a la historia por sus valores cinematográficos, aunque sí por el sensible retrato de Marilyn Monroe, un icono del séptimo que Michelle Williams ha sabido interpretar como nadie antes había hecho hasta la fecha.

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