Crítica: Mi vida sin mí

Mi vida sin mi

Isabel Coixet firma con Mi vida sin mi (My Life Without Me, 2003) su cuarta película. Cien por cien existencialista y melancólica sin llegar a dar pena del todo o lo que es lo mismo, conmovedora pero con ciertas pinceladas de comedia. Todo ese jaleo psicosocial para contar como la protagonista (Sarah Polley) va ordenando su vida para una vez se haya marchado de ella y es que su existencia da un giro de ciento ochenta grados desde el mismo momento en que le detectan un cáncer metastásico que no para de extenderse.

Madre de dos hijas, la vida de la joven es todo menos satisfactoria. Un marido que dificilmente encuentra trabajo, una madre algo despreocupada y un padre que está en la cárcel es el envoltorio en que se desarrolla la vida de la protagonista. Si eso no fuera suficiente tormento, se enamorará de otro hombre, también confuso y atormentado, Mark Ruffalo, y es que si algo tiene la película de Coixet son mentes atormentadas. Claro que el mensaje que la directora quiere transmitir está bien claro: vive, disfruta y sonríe, nunca sabes cuando puede llegarte tu hora.

Quería lanzar mi opinión abajo del salto para no herir sentimientos pero Mi vida sin mi me ha decepcionado, quizás porque le tenía en muy alta estima, quizás porque me había atiborrado a críticas favorables sobre el filme o quizás porque tengo a Coixet en algo así como un pedestal en esto de hacer cine, no lo sé. Es innegable el carisma que rodea todo el metraje, la naturalidad (en ocasiones forzada) y el aire urbano de los escenarios, pero es quizás la mezcla de todos esos ingredientes perfectos lo que hace de la cinta algo imperfecto.

La aparición de Leonor Watling casi mejora la película pero ésta no consigue levantar el vuelo del todo ya que una buena obra no se mide por momentos sueltos, sino por una buena y correcta consecución de planos, todos ellos en armonía y sentido. En definitiva, me esperaba algo más de todos y cada uno de los ingredientes que forman Mi vida sin mi, más que nada porque son buenos y, unidos a una historia como la que aquí nos cuentan, podrían haber sobresalido mucho más.

Antes que ésta, Coixet ha rodado Demasiado viejo para morir joven (1988), Cosas que nunca te dije (1995) y A los que aman (1998). Después vino el documental Hay motivo (2004) y La vida secreta de las palabras (2005), donde volvió a contar con las actrices Sarah Polley y Leonor Watling, además de Tim Robbins, para finalmente rodar dos nuevos documentales en 2006 y 2007, Paris je t’aime e Invisibles respectivamente. Por último vendría Elegy (2008) con Penélope Cruz y Ben Kingsley. Ahora se encuentra rodando Map of the Sounds of Tokyo con Sergi López como protagonista masculino.

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