Crítica: Miss Marzo

Crítica: Miss Marzo

Título : Miss Marzo
Título original: Miss March
Directores: Zach Cregger, Trevor Moore
Género: comedia
Fecha de estreno: 12 de junio
Intérpretes: Zach Cregger, Trevor Moore, Raquel Alessi, Craig Robinson.
Miss Marzo, tráiler y póster en español
¿Debo ir a verla? ★★☆☆☆ Cinematográficamente nula, aunque con algún gag realmente divertido.

El sexo nubla la mente de los protagonistas de muchas de las comedias gamberras de carácter juvenil. Miss Marzo, la cinta dirigida, escrita y protagonizada por Zach Cregger y Trevor Moore, no es una excepción. En esta ocasión, la pareja de humoristas, dos cómicos conocidos en Estados Unidos por el espacio The Whitest Kids U Know, han añadido unas gotas de road movie para animar algo la función a tan conocida fórmula. Todo ello para contarnos la historia de dos chavales que se fijan como objetivo visitar la Mansión Playboy para recuperar a la novia de uno de ellos, que se ha convertido en Miss Marzo, una de las conejitas del magazine creado por Hugh Hefner. La chica dejó al chaval, todavía virgen, después de que éste permaneciera en estado de coma durante cuatro años.

Con este argumento, Zach Cregger y Trevor Moore nos ofrecen la típica comedia de humor grueso, chicas ligeritas de ropa y final moralizante. Como siempre, hay personajes más o menos graciosillos, como el rapero Pollacaballo.com, amante de las canciones sexualmente explícitas y de las chicas de buen ver, o una pareja de lesbianas, sedientas de sexo, que ofrecen su coche a los protagonistas para que se encarguen de conducir mientras ellas practican todo tipo de jueguecitos eróticos.

De esta manera, la película se convierte en una sucesión de situaciones más o menos graciosas donde, como suele ocurrir en este tipo de filmes, importa más el gag en cuestión que su relevancia a la hora de crear una historia coherente. No obstante, hay que reconocer a estos chicos una cierta habilidad para construir alguna que otra situación verdaderamente hilarante. Uno no puede nada más que partirse de risa cuando uno de sus protagonistas y su novia explican los problemas de la promiscuidad sexual, o cuando otro de los cómicos es mordido por su novia epiléptica mientras le practica una felación entre luces de discoteca.

Cinematográficamente, como podrán adivinar, la película es de una sosería totalmente televisiva, aunque tampoco se podía esperar mucho más de una comedia más o menos gamberra. Lo que sí se podía esperar es un final menos moralizante, conservador y ridículo, donde, entre otras cosas, el propio Hugh Hefner, el creador de Playboy, nos descubre las bondades de la monogamia y el amor verdadero. Nadie se puede creer que este hombre, que creó una revista donde se muestran a poderosas hembras ligerísimas de ropa, viva obsesionado por una vecinita fea que murió cuando todavía era un adolescente. Llámenme incrédulo, pero no me trago que el famoso editor tenga una sensibilidad tan exacerbada.

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