Crítica: Moneyball. Rompiendo las reglas

Brad Pitt en Moneyball

Titulo: Moneyball: Rompiendo las reglas
Director: Bennet Miller
Género: drama, deporte
Duración: 133 minutos
Fecha de estreno: 3 de febrero
Intérpretes: Brad Pitt, Jonah Hill, Philip Seymour Hoffman.
Tráiler en español de Moneyball: Rompiendo las reglas
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Va más allá del deporte para recordarnos lo difícil que es cambiar las cosas. Recomendable.

No creo que exista el cine deportivo. En realidad, el resultado de los partidos, combates y timbas es casi lo de menos en una fórmula que la cinematografía estadounidense lleva explotando desde sus orígenes con el fin de presentar el relato de la ascensión, caída y redención del héroe, que hay quien sostiene que es el único posible. En el caso de Billy Bean, el errante protagonista de Moneyball: Rompiendo las reglas según una historia real, la parte en la que fue jugador de béisbol está prácticamente ausente de la pantalla.

Pero esa oportunidad perdida, el rechazo a una importante beca para estudiar causado por la vanidad de querer triunfar en las ligas mayores, es un off que atraviesa la película hasta su mismo desenlace, con forma de canción melancólica escrita por la hija adolescente de Bean, rematada por un elocuente “You’re such a loser, dad”. Efectivamente, Bean es un perdedor que ve en Pete, el muchacho obeso y trajeado, con poca pinta de haber cogido un bate en su vida, al caballo ganador que, de una forma u otra, él podía haber sido y no fue.

El sistema ideado por Pete, que parte de las estadísticas para tratar de conseguir el mejor equipo posible al menor precio, es el elemento motriz de la historia, la oportunidad de redención para Bean, reconvertido en gerente de una entidad de presupuesto modesto, los Oakland Athletics (para que nos entendamos, como el director deportivo del Levante o el Sporting). Como sucede con Facebook en La red social, estamos ante una invención capaz de producir cambios estructurales en una de las principales industrias generadoras de pasiones humanas.

Aquí es donde entra en juego el sistema, llámenlo capitalista si desean, y el sueño revolucionario de cambiarlo. Aaron Sorkin, guionista del film de Fincher y aquí co-autor del libreto junto a Steve Zaillian (a su vez, firmante de la adaptación norteamericana de Millennium), no permite que en esta ocasión se contemple esa posibilidad, limitándola a una innovación integrable en el eterno dominio de los poderosos.

Bennet Miller se suma a ese ánimo sombrío y en pocos momentos se deja embriagar por la emoción propia de los grandes acontecimientos deportivos, con la excepción del partido en que los A’s rompen el record histórico de victorias consecutivas, presentado con planos a cámara lenta y asombrosos silencios. No son sus hallazgos en esta ocasión los mismos que en Truman Capote (con la excepción de que ambos films comparten una ejemplar dirección de actores), pero se confirma como un brillante narrador a la hora de describir a personajes capaces de reinventarlo todo pero no de conseguir una victoria definitiva en la mayor de sus ligas: sus propias vidas.

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