Crítica: Moonrise Kingdom

Moonrise Kingdom

Título: Moonrise Kingdom
Director: Wes Anderson
Género: comedia, drama
Fecha de estreno: 15 de junio
Intérpretes: Bruce Willis, Bill Murray, Edward Norton, Frances McDormand
Moonrise Kingdom, trailer español
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¿Debo ir a verla? ★★★☆☆

Después de su original propuesta animada, ‘Fantástico Mr. Fox’, el realizador Wes Anderson, uno de los representantes de la vertiente independiente más aceptada comercialmente del cine americano, vuelve por sus fueros en Moonrise Kingdom, una cinta en la que aborda de nuevo el complejo mundo de las disfuncionalidades familiares y desequilibrios personales en forma de cuento infantil, y que a la vez que homenajea sin pudor los recursos del melodrama romántico y la screwball comedy, dos de las formas más paradigmáticas del cine clásico americano de mediados del XX. Todo eso, claro está, con el habitual estilo visual y narrativo de su director, ese mismo que distanciará de la historia a la mitad de la platea, mientras causa una reacción igual pero en sentido contrario en la otra parte.

Podría decirse sin temor a equivocarse que Moonrise Kingdom es una película cien por cien Anderson. Quizá cansado por la dificil experiencia de confeccionar ‘Fantástico Mr. Fox’ -y esto es una presunción exclusivamente personal-, en la que de todas formas consiguió preservar tanto sus inquietudes como su personal estilo, Anderson ha vuelto a poner en primer término las caras de un espléndido reparto que engloba nombres como los de su recurrente Bill Murray, Bruce Willis (cuya reciente desgana se traduce aquí, y de forma apropiada, en verdadera y genuina tristeza), y un sorprendente y payaso Edward Norton, interpretando al jefe boy-scout con el que se nos introduce de forma brillante en la historia. La presencia de todos ellos parece destinada a disimular cierta falta de intensidad, que en ocasiones es premeditada, y en otras proviene de la falta de garra del guión, por otro lado muy bien estructurado por el propio Anderson y Roman Coppola, hijo de quien ya sabéis.

En efecto, el estilo teatral y el tono distante de Moonrise Kingdom resulta tan pretendidamente monótono como a la vez irónico y sentimental, una curiosa intersección entre comedia negra, melodrama romántico y cuento infantil que parece cerrar al vacío la tormenta de sentimientos frustrados que habitan en su interior. Los patéticos adultos que pueblan el mundo de Anderson contrastan con el entusiasmo de una historia de amor loco… en niños de doce años, elemento que el realizador explota de forma apropiada y constante tanto en la faceta sentimental como en la cómica.

De alguna manera, y debido a esa autocomplacencia estética, Anderson no consigue captar los delirantes anhelos de los dos jovencitos incomprendidos, pero la aventura vale mucho el precio de la entrada gracias al entrañable mundo interior que esconde. En Moonrise Kingdom fondo y forma se entretejen como una sola cosa, y su aparente intrascendencia al final acaba calando.

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