Crítica: Nader y Simin, una separación

Titulo: Nader y Simin, una separación
Título original: Jodaeiye Nader az Simin
Director: Asghar Farhadi
Género: drama
Duración: 123 minutos
Fecha de estreno: 7 de octubre
Intérpretes: Leila Hatami, Peyman Moaadi, Sareh Bayat.
Trailer: Nader y Simin, una separación
¿Debo ir a verla? ★★★★☆ Lo que se debe hacer es perder el miedo a lo «exótico» y disfrutar de esta película, extraordinaria a todos los niveles.

Nader y Simin, una separación se inicia con un plano secuencia que es tan rotundo como la totalidad de la película. El director iraní Asghar Farhadi nos sitúa en el punto de vista del juez que decide sobre el divorcio de los dos protagonistas. La cámara, en vez de permanecer fija sobre un soporte, se tambalea como la propia lógica de las leyes que rigen el futuro de estas personas, cuyo conflicto amoroso no es más que el origen de otras muchas divergencias que se despliegan magistralmente hasta el último segundo del film, que coincide con el final de los títulos de crédito.

Hay otra imagen fundamental que también encontramos en los primeros compases del metraje. En ella vemos a Simin, la mujer que solicita el divorcio porque quiere marcharse de su decadente país, manejar un fajo de billetes de proporciones considerables. Vuelve a sorprender, como en A propósito de Elly, que Farhadi se interese por personajes que viven con una cierta comodidad, cuando lo que solemos percibir de su país es la miseria. Las cartas que se juegan aquí no tienen nada que ver con la truculencia ni la lástima. La oposición a las autoridades no es frontal pero la insatisfacción se advierte elocuentemente.

Los que sí pertenecen a la clase baja son los miembros de la familia que por una concatenación de desgracias se convierte en rival, formada por una pequeña que es la única pieza de este entramado que siempre habla con absoluta sinceridad, su apurada y religiosa madre, que está en avanzado estado de gestación, y el marido de esta, un tipo incapaz de controlar su furia. Sin embargo, hasta en este endemoniado personaje introduce Farhadi, también productor y guionista, una dosis de humanidad. Los seres que pueblan Nader y Simin, una separación se comportan según una lógica que en ocasiones es deplorable desde un punto de vista moral pero que en un momento dado podemos llegar a comprender. Esta doble vertiente dota a la propuesta de complejidad y verdad.

En última instancia, y esto puede que sea lo más importante que nos ofrece la película, Nader y Simin, una separación es una implacable lección de cine. Farhadi ofrece en todo momento la planificación ideal para cada secuencia. La colocación en el espacio de los personajes, con una importancia excepcional como elemento escenográfico de las puertas (de lo que tapan y separan, pero también de lo que dejan ver y oír) termina de resaltar el elevado valor artístico de la obra, que no sorprenderá a los que ya disfrutaron de A propósito de Elly. Ahora lo ideal sería que alguien se animara a recuperar los tres primeros largometrajes de este cineasta, que sin duda se ha ganado un sitio entre los grandes.

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