Crítica: NEDS (No Educados y Delincuentes)

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Título: NEDS (No Educados y Delincuentes)
Título original: NEDS (Non Educated Delinquents)
Director: Peter Mullan
Género: Drama
Duración: 124 minutos
Fecha de estreno:  3 de diciembre de 2010
Intérpretes: Connor McCarron, Gregg Forrest, Joe Szula, Mhairi Anderson, Gary Milligan, John Joe Hay.
Neds, tráiler español
¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ Interesante e irregular drama sobre la violencia juvenil.

En su faceta como director, el actor Peter Mullan parece obsesionado por las adolescencias difíciles. En ‘Las hermanas de la Magdalena’, su anterior largometraje,  nos enseñó  las terribles circunstancias de unas chicas irlandesas que malvivían en un correccional a cargo de unas monjas muy poco recomendables. Ahora, en NEDS (No Educados y Delincuentes), el realizador e intérprete nos cuenta la vida de un chaval inteligente que, debido a las circunstancias que le rodean, termina convirtiéndose en un temido pandillero en la Escocia de los años setenta.

El escocés trata de mostrarnos en su último filme que los grandes culpables de esta violencia juvenil son los adultos. Su protagonista, John, está rodeado de personas hechas y derechas que utilizan la fuerza para salirse con la suya: su padre maltrata a su madre, la polícia golpea a los chicos de la calle y los profesores zurran con el cinturón a sus alumnos cuando les viene en gana. Con estos antecedentes, los chicos de las zonas degradadas aprenden desde muy pronto que para hacerse valer hay que recurrir a la violencia. John trata de eludir la senda criminal, pero sus intentos sólo le llevan a la soledad y la incomprensión. Poco a poco, su comportamiento cambiará para ser aceptado y temido por sus compañeros.

Mullan refleja este mundo sin recurrir al tono discursivo de Ken Loach en ‘Sweet Sixteen’ ni a la blandura de Shane Meadows en ‘This is England’. El intérprete y realizador nos muestra un panorama terrible, donde el protagonista, un espléndido Connor McCarron, termina acorralado. Sin embargo, sus pretensiones de ser lo más duro posible y a toda costa terminan perjudicando a la película. En este sentido, la última media hora del filme se convierte en una sucesión de excesos, incluida una onírica escena religiosa, que resta puntos a un largometraje que hasta entonces había volado alto. Tampoco ayuda la histriónica interpretación del propio Peter Mullan, como el padre borracho de John. El mítico actor escocés termina resultando demasiado grotesco y gesticulante para resultar convincente. En esta ocasión, parece que el Mullan director ha vencido claramente al Mullan intérprete.

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