Crítica: Nunca es tarde para enamorarse

Nunca es tarde para enamorarse

Título original: Last chance Harvey
Director: Joel Hopkins 
Duración: 92 minutos
Género: romántica
Fecha de estreno en España: 8 de mayo
Trailer: Last chance Harvey
Intérpretes: Dustin Hoffman, Emma Thompson, Eileen Atkins, Kathy Baker, Richard Schiff, James Brolin.
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆ Propuesta rutinaria, convencional y previsible. La salvan sus dos excelentes protagonistas.

Harvey Shine, el personaje al que encarna Dustin Hoffman en esta Nunca es tarde para enamorarse, podría ser la misma persona que el joven estudiante al que diera vida hace más de cuarenta años en El graduado. Aquel chaval creció, y pudo finalmente dedicarse a algo tan divertido como la música, aunque fuera en el ámbito de los sonidillos publicitarios. Al final, terminó por hacer algo tan normal como casarse y tener una hija. Sin embargo, el signo de los tiempos ha traido una nueva normalidad, consistente en el divorcio y la pérdida de contacto diario con la descendencia. Ahora Harvey Shine es un hombre mayor y decadente, que tiene que viajar a Londres para asistir a la boda de una hija a la que prácticamente no conoce. Y los males del personaje se deben justamente al inconformismo que mostró en su juventud.

La situación de Kate, encantadoramente interpretada por Emma Thompson, es algo diferente. Inglesa de pura cepa, en su juventud tuvo malas experiencias con las personas del sexo opuesto y terminó por no sentirse muy segura con ellos. A eso hay que sumar la poco educada forma en la que su padre abandonó a su madre, a la que ahora está exageradamente apegada. El tiempo ha avanzado deprisa y Kate se ha convertido en una solterona irremediable, por mucho que sus amigas se empeñen en buscarle citas a ciegas con atractivos caballeros. Su marcado carácter británico tampoco le ayuda mucho en sus relaciones.

Pues bien, estas dos almas perdidas se van a cruzar (de una manera muy poco natural, por cierto) en un Londres luminoso y esperanzador. En su camino conjunto superarán sus particulares traumas y encontrarán esa última oportunidad que la vida siempre nos tiene reservada, o al menos eso dicen las películas. Y con la redención termina un relato que no es novedoso en nada y que de hecho ni siquiera está especialmente logrado. Nunca es tarde para enamorarse no es ni graciosa (y a veces lo intenta), ni especialmente dramática, aunque tampoco es una inyección demasiado exagerada de almíbar, lo que se agradece.

Solo sus dos brillantes protagonistas nos hacen disfrutar en algunos momentos de la proyección. Hoffman transmite a la perfección esa incomodidad de su personaje, que está constantemente fuera de sitio. Y ya he comentado como Thompson abandona con éxito su habitual rol de mujer castigadora. Es gracias a ellos por lo que llega a ser soportable este film tan soso que es casi aséptico, lo que me hace ver al desconocido Joel Hopkins como un director poco apasionado por su hermosa profesión, y que desde luego no va a entrar a corto plazo en el olimpo de los grandes autores cinematográficos.

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