Crítica: ‘Ocho apellidos vascos’

Eficaz comedia de Emilio Martínez Lázaro, que se nutre de los tópicos sobre vascos y andaluces para hacer reír al gran público.

Clara Lago, Karra Elejalde y Dani Rovira

Si la cosecha de carcajadas es el único baremo posible a la hora de valorar el nivel de inspiración de una comedia, y a ello le añadimos aquella cita de Hitchcock tan repetida de que “el cine son cuatrocientas butacas por llenar”, Ocho apellidos vascos debe ser la película más increíble de todos los tiempos, vista la locura que está despertando en nuestro país, inaudita para un film de estas características, al menos desde que aquello de acudir a las salas de cine con regularidad pasó a ser lo excéntrico.

Superado el impacto de las “butacas llenas”, sobre lo que desarrollar cualquier forma de ciencia es de valientes, en realidad Ocho apellidos vascos es una película bastante explicable. En esencia, es una comedia que parte del estereotipo vasco y el andaluz (sevillano, diferenciarán muchos con razón), de los chistes y dichos de siempre construidos en torno a ellos, de los tópicos referentes al carácter, el acento y hasta el peinado, para trazar un romance que no es una reconciliación en clave sino una fórmula que permite introducir por doquier ese humor que tan arraigado parece ser que llevamos. El objetivo es que el público ante todo se sienta cómodo, y en su persecución se evapora la posibilidad de reírse de lo más oscuro, un ejercicio sano al que la historia se prestaba, y al que incluso apunta torpemente en algún momento para después olvidarlo sin mayor explicación.

Dice el personaje de Woody Allen en ‘Todo lo demás’ que “el dinero está en los chistes”. Ocho apellidos vascos, que es una sucesión de gags sin mucho más que rascar, no se molesta en llevar con orgullo su condición de comedia mainstream. Eso sería demasiado posmoderno, y esta es una película articulada de forma básica, con un Emilio Martínez Lázaro que parece empeñado en desaparecer, escamoteándonos cualquier solución de realización reseñable, dejando que las desganadas notas musicales se limiten a tapar los silencios de las transiciones (¿tan molestos son?).

Si la película es efectiva como comedia, más digna que engendros como ‘Fuga de cerebros’, divertida incluso en un arranque chispeante y cuando se centra en la situación de suspense con el personaje del padre de la protagonista, es gracias a sus guionistas, Borja Cobeaga y Diego San José, que saben cómo hacer esto de enlazar chistes con cierta coherencia, aunque aquí se han olvidado de darles algo de alma a sus personajes (solamente en Koldo y Merche se advierte cierto subtexto, que queda sin desarrollar). También manejan el timing de la comedia sus intérpretes, en especial un Karra Elejalde desbordante.

El clímax, incoherente y trazado de forma cristalina desde el inicio (además de muy propicio para el sonrojo), evidencia que en Ocho apellidos vascos no solo escasea la ambición, también el ingenio. Al final, el problema es el que llevamos arrastrando desde hace una década: buena parte de nuestro cine popular se ha encadenado a los códigos de las (malas) series de televisión, restregándose en un conformismo alarmante. El camino hacia la liberación, hacia un humor más elaborado y cargado de contenido, lo han marcado en fechas recientes las películas del propio Cobeaga, ‘El mundo es nuestro’ o ‘Tres bodas de más’. Y si nos vamos más atrás, tenemos una hermosa tradición que respetar y sobre la que aprender.

Titulo: Ocho apellidos vascos
Director: Emilio Martínez-Lázaro
Duración: 98 minutos
Género: Comedia
Fecha de estreno: 14 de marzo
Intérpretes: Clara Lago, Dani Rovira, Carmen Machi, Karra Elejalde, Alberto López, Alfonso Sánchez.
Ocho apellidos vascos, teaser tráiler
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆

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