Crítica: Perros de Paja (2011)

Perros de paja

Título: Perros de paja
Título original: Straw Dogs
Director: Rod Lurie
Género: thriller
Duración: 109 minutos
Fecha de estreno: 16 de diciembre
Intépretes: James Marsden, Kate Bosworth, James Woods, Alexander Skarsgard
Perros de paja, trailer español del remake de la película de Sam Peckinpah
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆ Ni mala, ni buena, sólo innecesaria.

La reciente y nerviosa recurrencia al remake de la industria norteamericana ha estado vinculada casi siempre al terror, y en especial a la actualización de los excelentes clásicos cinematográficos de ese género surgidos entre finales de los sesenta y principios de los ochenta, sin duda un rico período para cultivar todas las variedades de ansiedad posibles. La original Perros de paja, dirigida por Sam Peckinpah en 1971, pese a no ser un filme de terror propiamente dicho, sí plasmó de forma igualmente categórica y perturbadora, con explícita violencia, el veneno que lleva el ser humano en la sangre, y si es en la calurosa América Profunda, pues mejor que mejor. Quizá por eso mismo, aquí tenemos su remake.

Lo cierto es que, pese a su carácter absolutamente mimético de la original, la nueva Perros de paja sí goza de una interpretación actual, fruto de un contexto diferente… pero en el fondo similar en su antipatía. Lo primero que hay que decir del mismo es que, por mucho que el filme carezca del impacto del anterior, la labor de Lurie como transcriptor del original no es, en realidad, nada mala. El realizador filma bien, expone con claridad los hechos, y la película da lugar a alguna buena interpretación (y alguna otra histriónica). El autor, además, acomoda la vitriólica mirada de Peckinpah a los valores y roles actuales, aunque por eso mismo y sin que esto sea culpa del realizador, da como resultado una película más asexuada y aséptica.

Quizá un servidor recuerde el original de Peckinpah de una forma algo borrosa, y si es así, no estaría mal que algún lector me lo discutiese. Pero nótese al respecto de lo que quiero decir una serie de escenas representativas del cambio en el sistema nervioso de la película. La primera es aquella en la que David abronca a su mujer por provocar, involuntariamente y pese a su carácter alocado, a los hombres de pueblo que les arreglan el tejado, y la airada reacción de ésta, que deriva en una nueva provocación por despecho hacia su marido. La exhibición del cuerpo de Bosworth es primero fruto de una confusión de ella (y la mala intención de los villanos), y después y en segundo lugar, de un acto de rebeldía de ésta al sentirse traicionada por su esposo. Un cambio de motivaciones, creo que notable, que altera el sentido de los acontecimientos de la nueva Perros de paja, por mucho que la sucesión de hechos sea practicamente la misma. La nueva película carece, en esta medida, de los elementos abiertamente sexuales que, vuelvo a subrayar, recuerdo personalmente en la película de Peckinpah, y también en la interpretación de Susan George a principios de los setenta.

De la misma manera y en consecuencia, la posterior escena de la violación, uno de los elementos más recordados de la película, y que en manos de Peckinpah estaba llena de sugerencias perversas, pierde parte del impacto precisamente por tratarse, en esta nueva versión, de un hecho violento sin demasiados matices, en el cual Lurie se ahorra polémicas y elimina totalmente el consentimiento de la víctima para aproximarlo simplemente a la representación de un abuso puro y duro, obviando su crudeza mediante el recurso al montaje paralelo (en este sentido, y quizá para reforzar esta interpretación en el aspecto visual, Alexander Skarsgard es una masa de músculos de casi dos metros de altura capaz de forzar sin problemas a la delicada Kate Bosworth, en la misma medida mucho menos voluptuosa que la Susan George de la cinta original). Son, quizá, muestras de una sexualidad más centrada y menos animal que en la cinta de Peckinpah, que deriva, finalmente, en un tratamiento de la violencia más aceptable y más monótono, pese a conservar una notable aspereza.

Como vemos, Perros de paja en absoluto carece de contenido, como tampoco es un mal filme por mucho que prefiramos el anterior (como mucho, es uno innecesario, porque ya sabemos lo que ocurre en él). Si con Peckinpah palpitaba tanto o más la amargura y antipatía de su autor, así como una severa reflexión sobre la utilidad del pacifismo, tanto o más que el evidente componente de conflicto social, (ciudad contra campo, rico contra pobre, e incluso de hombre contra mujer…), cristalizando en una explosión final de violencia, los mismos hechos en la película de Lurie parecen estar dirigidos a enfatizar otro de los elementos de la trama, más bien una severa reflexión sobre la libertad y la Justicia preventiva en tiempos de la (post)guerra de Irak, ciertamente crueles pero menos depravados.

Pese a que la narración sigue siendo compacta y hasta tensa, y del trabajo de un cada vez mejor James Marsden que se merece evitar las comparaciones con Dustin Hoffman, la naturaleza de remake de la nueva Perros de paja juega bastante en su contra, sobre todo después de la labor de realizadores como Michael Haneke y sus ‘Funny Games’.

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