Crítica: Phillip Morris ¡Te quiero!

Phillip Morris ¡Te quiero!

Título: Phillip Morris ¡Te quiero!
Título original: I love you Phillip Morris
Directores: Glenn Ficarra y John Requa
Género: comedia
Duración: 110 minutos.
Fecha de estreno: 13 de agosto
Intépretes: Jim Carrey, Ewan McGregor, Leslie Mann, Rodrigo Santoro
Trailer: Phillip Morris ¡Te quiero!
Trailer: I love you Phillip Morris
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Sorprendente, ácida y muy recomendable sorpresa.

La película “gay” de Jim Carrey viene con el aura de cinta maldita, con su estreno en Estados Unidos pospuesto en más de una ocasión, a la espera de algún remontaje o de la solución de los problemas legales con la distribuidora. La verdad es que no extraña: Phillip Morris ¡Te quiero! es un film extraño, ácido, retorcido y divertidísimo. Pero también amargo y triste, y quizá difícil de encajar para los que esperen una nueva comedia del intérprete de Dí que sí. Y no se engañen: el film no es la historia de un hombre que sale del armario (eso ocurre en su tronchante y larguísimo prólogo), sino la de un ladrón que no podía abandonar su condición, ni aún enamorado. ¿Cómo han logrado sus directores ese difícil equilibrio?

Y que conste que el que sea una comedia ácida no significa que Carrey haya tenido que ponerse serio. Al contrario, Phillip Morris ¡Te quiero! cumple más que de sobra como enésimo show de Carrey, mal que le pese a sus detractores. El intérprete encuentra aquí campo abonado para sus muecas y distorsiones físicas (y cumple con su entusiasmo habitual), pero gracias a la intrincada ironía de la película cobran nuevos significados que van desde la melancolía hasta la locura más amarga. El protagonista de La Máscara lleva más allá lo que muchos de sus personajes apuntaban, que es la tragedia del payaso hasta el extremo patológico.

Todo ello aparece camuflado en la película de Ficarra y Requa como una alocada subversión de los valores de las comedias de enredo más candorosas, de las heist-movies y, finalmente, de todo el american way of life, por no hablar de las comedias para todos los públicos del propio Carrey. Todo ello gracias a un guión ingenioso y repleto de giros (y de giros extremos: fíjense en la cabriola final del personaje, que haría las delicias del mismísimo Christopher Nolan) forjado a la vez en una estructura más bien clásica.

Este contraste entre fondo bienintencionado y clásico, pero contado con una ironía cercana a ‘Padre de familia’, es lo que convierte Phillip Morris ¡Te quiero! en un sólido vehículo para sus dos actores, ya que ambos están francamente bien. La película no debería ser reducida a la “película gay” de Jim Carrey ya que de hecho, la homosexualidad de los protagonistas no es, ni de lejos, lo más atrevido del conjunto: sólo es la excusa perfecta para unos cuantos chistes que ya sólo escandalizan a unos pocos. De hecho, me parece lo más bienintencionado del conjunto, dando pie a algún giro dramático de sorprendente intensidad (ver el destino del personaje de Rodrigo Santoro) y a una saludable mofa de los estereotipos gays. No la dejen pasar.

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