Crítica: Sácame del paraíso

Sácame del paraíso es la última comedia de la factoría Judd Apatow, un filme protagonizado por Jennifer Aniston y Paul Rudd que parodia a la vez la crisis y las comunas hippies.

Sácame del paraíso, crítica

Título: Sácame del paraíso
Título original: Wanderlust
Director: David Wain
Género: comedia
Fecha de estreno: 25 de julio
Intérpretes: Paul Rudd, Jennifer Aniston, Justin Theroux, Alan Alda
Sácame del paraíso, tráiler español
Wanderlust, tráiler Red Band y póster
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆

Uno de mis recursos habituales a la hora de comentar cualquier muestra de moderna comedia gamberra americana es que me parece uno de los géneros puros con mejor salud dentro del cine comercial norteamericano reciente. La nueva cantera de realizadores, guionistas y -sobre todo- actores que lo cultivan llegan al cine con la lección muy bien aprendida de la televisión, ya sea de los programas de sketches como de las sitcom convencionales. Y los resultados son, por eso mismo y cuando menos, títulos visibles para todo aquel que quiera apreciarlos, y casi siempre dotados de significados útiles dentro del contexto de la comedia estadounidense y la época que vivimos, tirando a complicada en lo moral y material. Es el caso de esta aceptable Sácame del paraíso, película que -por otro lado- desde luego no va a pasar a los anales del género.

Y si ello ocurre es porque su productor y casi principal responsable, el ínclito Judd Apatow, no parece haber querido aprovechar la ocasión para desarrollar aún más uno de sus habituales temas, el de la crisis de la madurez, ni mucho menos otro que la cinta toca tangencialmente, el de la recesión económica que obliga a los protagonistas a salir espantados de su micro-loft de Manhattan.

Todo ello es esta vez una mera excusa para impulsar la acción hacia el campamento hippie que efectivamente representa su principal premisa, y en el que -como era de esperar en este sentido, y para demostrar que en realidad no tantas cosas han cambiado en el género- Wain y Apatow prefieren ir al núcleo moral del tema en vez de quedarse en los titulares de los periódicos, por mucho que el resultado pueda acabar resultando convencional.

Eso sí, y esto es lo importante: una vez en el campamento de marras, el director David Wain (Mal ejemplo) no desaprovecha ningún momento para montar los previsibles gags en torno a las drogas blandas y las orgías sexuales -no esperábamos menos, o al menos, un servidor- ampliando la tesis de su anterior película, la imposibilidad de idealizar cualquier modelo de comportamiento, ya sea el hippie, el yuppie o todo lo que vino después. En Sácame del paraíso; todos ellos parecen condenados al fracaso, salvo si están regidos por sentimientos auténticos e ideales puros, útiles para confeccionar un happy-ending que quizás es de puro sentido común, pero también demasiado conformista.

Lo que Wain no puede evitar es que la trama degenere en un triángulo amoroso y romántico previsible y carente de interés, de solidez, y que parece confeccionado para satisfacer a su estrella principal, Jennifer Aniston, habitual de aquel subgénero. Grave error, pues al tiempo que involuntariamente condena su personaje a la total y más completa de las antipatías, nos olvidamos de profundizar en otros interesantes planteamientos. Eso, y que falta nudismo femenino: al fin y al cabo, el naturista interpretado por Joe Lo Truglio, que esconde en su interior al novelista americano del siglo, es el responsable de los mejores momentos del filme.

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