Crítica: Shame

Steve McQueen - Shame

Titulo: Shame
Director: Steve McQueen
Género: drama
Duración: 99 minutos
Fecha de estreno: 17 de febrero
Intérpretes: Michael Fassbender, Carey Mulligan.
Shame, tráiler en español
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Imperfecto pero muy poderoso retrato de las miserias de un adicto al sexo.

Hay un elemento de fascinante extrañeza, aún no identificado, que recorre las películas de Steve McQueen. Procedente del universo de las galerías de arte, el cineasta ofrece con Shame el segundo descenso a los infiernos de un hombre y su cuerpo, habiendo contado en ambas ocasiones con la brutal presencia de Michael Fassbender. Si en su debut en el largometraje Hunger (vergonzosamente inédita en España), mostraba los estragos que una huelga de hambre causaba en un terrorista del IRA, en esta ocasión nos sumerge en la terrible adicción al sexo de un ejecutivo de la Gran Manzana.

Visionando las dos películas, podemos deducir una evolución en el lenguaje de McQueen, un progresivo alejamiento de las libérrimas formas del videoarte, más acusado en Shame. No es que este sea un film convencional, pero hay una predisposición a la narrativa mayor que en Hunger. Demuestran el origen arty del realizador la perfecta concepción de un espacio gélido, escaso de humanidad; así como un montaje en el que conviven secuencias narradas de forma minimalista (tal vez McQueen conozca la obra de Béla Tarr y otros estudiosos del plano largo), con una puesta en escena basada en la coreografía y que paraliza el ritmo, con otras en las que se impone el corte y que se ajustan a una cierta estética videoclipera (aunque siempre elegante).

Puede que esa arritmia sea parte fundamental de la fascinación que provoca Shame, que no es en ningún caso una propuesta ligera. Sus personajes te atrapan en sus desgraciadas existencias gracias a la labor de McQueen y de unos extraordinarios Fassbender y Mulligan como el adicto y su deprimida hermana, de visita en la ciudad (cf. la perfecta conjunción de sus tres labores en la secuencia de “New York, New York”). Pero la explícita franqueza con que el film afronta el tema principal exige fortaleza al espectador. No conozco un relato fílmico tan contundente como este sobre una enfermedad muchas veces menospreciada y parodiada.

Precisamente en el escabroso tratamiento del tema puede residir el gran defecto de Shame, que parece por momentos más empeñada en epatar que en conservar una moral intachable. Pero prefiero recomendarla por su poderoso envoltorio y dejar que cada espectador elabore su propia interpretación ética. Todo apunta a que Steve McQueen aún no ha filmado la película por la que se le recordará, pero Shame es la confirmación de su talento para filmar y bien merece un visionado.

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