Crítica: Skyfall

La nueva película del agente 007, gracias a la mano maestra de Sam Mendes y el equipo de producción formado por Michael G. Wilson y Barbara Broccoli, no es sólo uno de los mejores filmes de Bond. Podría tratarse de uno de los mejores títulos de 2012. Sin más.

Skyfall

Perro viejo, trucos nuevos. Las palabras que la agente Eve, personaje interpretado por Naomie Harris, dedica a 007 en un momento del largometraje, son altamente representativas de la reformulación de la legendaria franquicia Bond que están llevando con mano férrea sus responsables, Michael G. Wilson y Barbara Broccoli. Hijastro e hija, respectivamente, del legendario Cubby Broccoli, fundador cinematográfico de la saga, la pareja de hermanastros se ha dedicado exclusivamente y desde hace más de dos décadas a dirigir los destinos de una empresa familiar, la de la producción de películas de 007, que en Skyfall demuestra una salud de hierro. Y lo ha hecho de manera acorde a los tiempos que corren, es decir, olvidándose relativamente de la faceta ligera y exótica, más “pop”, del personaje, desplegada en las épocas de Moore y Brosnan (que de todas formas merecen se merecen todo el crédito de quien esto escribe) y adecuándolo a las exigencias de una década oscura y confusa, tecnológica y a la vez primaria, que ahora parece representada a la perfección por el fenómeno de Christopher Nolan y sus retorcidas aportaciones en la trilogía de El caballero oscuro. Con esto quiero decir que Skyfall es, probablemente, uno de los blockbusters de más peso, ambición y relevancia del año, y no sólo por su potencial comercial.

Skyfall prolonga -como era de esperar- la senda de la excelente ‘Casino Royale’, que hace seis años renovó la saga, y nos muestra un Bond atormentado pero contundente, una verdadera locomotora aficionada al sexo, el alcohol y el placer, pero ahora alimentada por su propio tormento. Pero a la vez no se conforma con eso y añade capas y capas de complejidad a los personajes de una manera prácticamente inédita en la serie, y todo ello en una película que por otra parte está poblada de un sin número de guiños a los fans de la marca Bond (estamos en el 50 aniversario de la franquicia en el cine, como se habrán cansado de leer). La elección como director de Sam Mendes, procedente del teatro y el drama, y la excelente labor de todo su reparto, tiene esta vez tanto que ver en ello como el equipo de efectos especiales y segunda unidad responsables de la faceta más espectacular de la cinta, que acaba basculando exclusivamente en la relación entre M (Judi Dench) y Bond, un personaje al que Daniel Craig parece haber tomado el pulso de una manera tan original como intensa.

Skyfall es, sin lugar a dudas, tanto un buen filme de 007, si bien en su vertiente más introspectiva y oscura, como un drama sobre el triángulo que se establece entre una madre y sus dos hijos… uno que resulta ser un antihéroe alcohólico y otro el hermano descarriado del mismo. Pero lejos de perderse en la simbología y atascarse en el retrato de un complejo de Edipo, némesis oscuras y demás, Sam Mendes utiliza estos resortes para llevarse un buen filme de acción a su terreno, el del retrato de una familia particular y rota, condenada a convivir en un mundo amenazante, sin que esto perjudique en exceso el dinamismo que le requerimos a una aventura de James Bond. Skyfall, si bien da ciertos palos de ciego argumentales en su primera mitad, es mucho más un thriller intenso, oscuro y sensual que un filme de acción exótico y desenfadado, pero cumple todos los requerimientos de una apabullante cinta de acción como los de un largometraje de peso específico.

El guión de John Logan tiene buena parte de culpa, si bien el autor del texto de Gladiator tarda demasiado en entrar en harina, en ese intento de cumplir con todas sus obligaciones. Afortunadamente no es el único as que se guarda Mendes, que sabe delegar en el legendario director de fotografía Roger Deakins, también británico, para amplificar el efecto de secciones enteras del largometraje y convertirlos en un espectáculo fascinante de inusitada carga simbólica y psicológica. El largo segmento desarrollado en Shanghai, quizá un circunloquio sobre el papel, resulta simplemente hipnótico gracias a la labor de Deakins, que se saca de la manga momentos capaces de renovar la estética del cine de acción. Y qué decir de la labor del montador Stuart Baird (‘Superman’, ‘Arma Letal’, y la misma ‘Casino Royale’), suficiente para suavizar cualquier problema de ritmo y hacer todas las escenas significativas, pese a no disponer del perfecto mecanismo que sí había en citada película de Martin Campbell.

Y por supuesto, los actores. Daniel Craig entona una vez más el “yo soy James Bond” con la seguridad de un actor capaz de reforzar la faceta mítica del personaje, de aumentar su dureza, potenciando –paradójicamente- sus vulnerabilidades. Y qué decir de Judi Dench, salvo que cualquier comentario sobre su aportación supondría un spoiler al espectador que no la haya visto. Javier Bardem, por su parte, también parece cómodo con un villano tan excesivo y cómico como amenazante. El español es capaz de aportar ligereza a la película y a la vez convertirla en un show imprevisible y un tanto enfermo. Todos ellos conducen Skyfall a un tercer acto insólito desde tiempos de ‘Desde Rusia con amor’ o ese salvaje epílogo de la subvalorada ‘007 al Servicio Secreto de su Majestad’, el único Bond de ese desastroso actor llamado George Lazenby. La mansión abandonada en la que se resuelve la película simplifica la escala de la acción (sin sacrificar espectáculo) a la vez que retuerce los cimientos de la saga, enfrentando a todos los personajes con sus propios demonios y reduciendo a Bond a cenizas, privándole de apoyos y gadgets (atención a la voladura del Aston Martin) y con la única compañía de una grandiosa y valiente anciana… sólo para luego devolverle a sus inicios de manera magistral, renovada. No sé si Skyfall es una obra maestra, pero es una de esas declaraciones de amor (a la saga) con un poquito de disparo a la línea de flotación de la misma. Solo que lejos de ejercer de señor con ínfulas de autor en una cinta de productor, Mendes se pone del lado de Bond, demuestra la ductilidad del esquema de 007 y lo refuerza para los próximos diez años. Seguro que habrá gente que me devuelva a la realidad. Pero a mí me da igual, déjenme disfrutarla tal y como es.

Título: Skyfall
Director: Sam Mendes
Género: thriller, acción
Duración: 145 minutos
Estreno: 31 de octubre
Intépretes: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Naomie Harris
Skyfall, trailer final español
Adele y el tema central de Skyfall
¿Debo ir a verla? ★★★★☆ Una de las mejores películas de 007, y quizá también de todo 2012.

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