Crítica: The reader (El lector)

El lector

Título original: The reader
Director: Stephen Daldry
Género: drama
Duración: 115 minutos
Intérpretes: Kate Winslet, Ralph Fiennes, David Kross, Bruno Ganz
Estreno en España: 13 de febrero
Trailer: The reader
¿Debo ir a verla? ★★★★☆ Gravísimo, amargo y exquisito drama que acuchilla mi anestesiado corazón (más que Viernes 13)

Antes de comenzar: si The reader (El lector) no es una de las mejores películas del año, poco le falta. El problema es, precisamente, que parece demasiado consciente de ello. Un tema grave, emociones profundas y conflictos irresolubles se pasean por el film de Stephen Daldry a sabiendas de su propia hondura en una trágica tela de araña, exquisitamente desarrollada, que plantea desde amores prohibidos y traiciones hasta el sentimiento de culpa que define la identidad de toda una nación.
Todo adornado con diversos y fundamentales giros argumentales que mejor no desvelar: El lector es una película de las que mejor ver sin saber nada previamente. No obstante, de ninguno de ellos la película se resiente, más bien al contrario: va creciendo poco a poco hasta la culminación silenciosa de una tragedia que cada uno de los personajes principales arrastrará en silencio hasta el fin de sus vidas.

Lo que El lector plantea tiene mucha tela: Stephen Daldry pregunta al público si el amor, o más bien, el vacío y las heridas que éste deja después de aparecer y (de forma inevitable) marcharse, pueden pasar por encima de la mayor tragedia que la humanidad recuerda, es decir, el Holocausto nazi. La culpa y el perdón son las dos emociones que condicionan las vidas de los protagonistas, todo parece destinado a vivir y morir bajo ellas. El horror de dicho episodio histórico es tratado en el film como si de un fantasma se tratase, sin ser nombrado directamente pese a su evidencia, pero determinando, de forma absoluta y tajante, todas y cada una de las acciones de unos protagonistas corroídos por el deber, la culpa o la soledad.

Y por si no fuera poco, y como película Miramax (preparada para arrasar en la temporada de premios, y si Dios quiere, los Oscar), todo ello lo hace paseándose de forma arriesgada por las implicaciones morales del asunto, dibujando una escala de grises que aplasta casi cualquier sentimiento positivo que podamos encontrar por el camino.

En este contexto, Daldry se vale de unos actores en estado de gracia. Es obvio ya alabar la labor de Kate Winslet, actriz que está atravesando uno de sus mejores años, lo que no es decir poco. Su Hanna Schmitz es tan misteriosa como bella, tan ambigua como atormentada, tan hosca como necesitada de amor, (su reaparición a mitad del metraje, cuando la cinta desvela su giro argumental, es simplemente terrorífica). La intérprete aporta una gama increíble de matices a un personaje lleno de secretos: simplemente, apreciar momentos como aquel en el que escucha un coro de niños en una Iglesia, o cómo aprende a leer durante los compases finales de la película, eleva a El lector por encima de cualquier exigencia previa. Sorprende también el joven David Kross, que lleva sobre sus hombros el peso de gran parte de la película más aún que la protagonista de Titanic. Y lo hace con una convicción y solidez fuera de toda duda. Fiennes, como es habitual en él, aprovecha cada segundo en pantalla para acabar de trazar el arco que los anteriores dejan incompleto.

¿Todavía no les recuerda a Las horas, anterior película de Daldry?. Si acaso no fuera suficiente, la música de Nico Muhry, discípulo de Philip Glass, acaba de redondear un drama dispuesto a llevar al espectador al precipicio de la amargura: a pesar de sus acciones, ninguno de su personajes es un monstruo. Ninguno de ellos es fácil de condenar. Y el resultado deja al espectador casi sin aliento.

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