Crítica: Todos están bien

Crítica: Todos están bien

Título: Todos están bien
Título original: Everybody’s Fine
Director: Kirk Jones
Duración: 100 minutos
Género: Drama
Fecha de estreno en España: 1 de enero de 2010
Intérpretes: Robert De Niro, Sam Rockwell, Drew Barrymore, Kate Beckinsale
Tráiler: Todos están bien
Everybody’s Fine, tráiler de la nueva película de Robert De Niro
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆ Correcto melodrama familiar a mayor gloria de Robert De Niro y sus treintañeros compañeros de reparto

«El problema con la familia es que los hijos abandonan un día la infancia, pero los padres nunca dejan la paternidad». La frase de Osho, el controvertido filósofo hindú, podría resumir muy bien el espíritu de Todos están bien, remake estadounidense de la europea ‘Están todos bien’, película dirigida por Giuseppe Tornatore en 1990. Esta nueva versión nos muestra a un hombre viudo y gravemente enfermo que decide visitar a sus hijos treintañeros después de que éstos hayan declinado su invitación para una reunión familiar. En su viaje por todo el territorio estadounidense, el envejecido padre irá descubriendo los secretos y mentiras que ocultan sus cuatro vástagos.

El británico Kirk Jones, responsable de las divertidas ‘Despertando a Ned’ y ‘Niñera mágica’, dirige con corrección un drama que encuentra su punto fuerte en la labor de sus actores protagonistas. Robert De Niro, alejado de la mediocridad interpretativa de sus últimos trabajos, logra dotar de credibilidad a ese hombre que quiere reconquistar a sus hijos, aunque para ello tenga que afrontar que les puso el techo muy, muy alto. Por su parte, Sam Rockwell, Kate Beckinsale o Drew Barrymore están más que correctos en su papeles de unos hijos que, para no decepcionar a su progenitor, maquillan una vida que de alguna manera les ha convertido en fracasados.

El filme también acierta a la hora de abordar la primera parte de su metraje como una sucesión de duelos individuales de cada hijo con su padre. Unos cara a cara en los que los vástagos de una manera u otra enmascaran la realidad a  un progenitor que poco a poco descubre que lo que sabía de sus retoños estaba lejos de ser la verdad. Más bien, y como se puede ver en el filme, era una mentira piadosa.

Con estos mimbres, la película se convierte en una celebración de la familia, donde el padre tiene que aceptar la situación real de cada uno de sus hijos para mantener al clan. No obstante, y aunque asuma los nuevos conceptos de familia surgidos en los últimos años, el filme reinvindica la definición más prototípica y tradicional de lo que debería ser esta antiquísima institución: un grupo de personas unidas por un vínculo sanguíneo donde reina el amor y la sinceridad.

Sin embargo, y aunque sea un largometraje más que aceptable, dos aspectos nublan un tanto sus resultados: cierto tono lacrimógeno en el último tercio de la cinta y una poco recomendable tendencia al subrayado. En este último aspecto  no resulta de recibo que Robert De Niro tenga que verbalizar en una ridícula escena onírica las mentiras que cada uno de sus hijos le ha ido contando en su particular periplo por el país. Jones, que se ha encargado también de adaptar el guión de la película de Tornatore, no necesitaba de esta explicación  para mostrarnos que el padre se ha dado cuenta de la farsa que era su vida familiar. El espectador medianamente avispado ya se ha dado cuenta con lo que ha podido ver anteriormente en pantalla. Pese a estos pequeños reparos, Todos están bien se disfruta con agrado, aunque no deja demasiada huella.

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