Crítica: Toy Story 3

Toy Story 3

Título: Toy Story 3
Director: Lee Unkrich
Género: Animación
Duración: 103 minutos
Fecha de estreno: 21 de julio de 2010
Intérpretes (voces en v.o.): Tom Hanks, Tim Allen.
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¿Debo ir a verla? ★★★★☆ Pixar demuestra de nuevo su talento en esta tercera entrega de Toy Story, con inequívoco sabor a despedida.

Cuando se supo que Disney, al margen de Pixar, estaba preparando la tercera parte de Toy Story para editarla directamente en el ámbito doméstico, muchos nos llevamos las manos a la cabeza. Por suerte, el problema empresarial entre las dos compañías finalmente se resolvió, desechándose aquel proyecto, que olía a secuela intrascendente. Lo que se presenta ahora, en un tono ciertamente crepuscular, es el broche de oro casi perfecto para una saga que ha cambiado la forma de entender la animación en Hollywwod.

Y afortunadamente, John Lasseter y los suyos han llevado hasta las últimas consecuencias la historia, dotándola de una épica a la que otros habrían renunciado sin pensárselo dos veces. Así, tras la primera y ya tradicional secuencia de claves genéricas desmadradas (que en este caso podríamos calificar de western intergaláctico), se nos presenta una situación ciertamente desasosegante. El pequeño Andy ha crecido, está a punto de marcharse a la universidad, y pasa de los juguetes desde hace años. A algunos de ellos los ha llegado a tirar, entre ellos a la pastorcilla Bopy, por lo que el héroe Woody está tan viudo a los diez minutos de película como lo estaba el señor Fredricksen en Up.

El grupo de mandatarios de Pixar, a los que yo llamo “los pensadores” (aunque en los títulos de crédito aparecen bajo otra denominación más formal), se han decidido en sus dos últimos proyectos a no huir del tema de la mortalidad, y eso nos brinda momentos tan terribles como el que tiene lugar en el vertedero, auténtico clímax de la acción del film. Tampoco hay temor a homenajear a los referentes, en este caso bajo la forma de un peluche de Totoro, una de las mejores creación del maestro Hayao Miyazaki (que aparece mencionado en los agradecimientos). Este ser mágico sigue tan mudo como siempre, pero indica una vez más el camino a la salvación.

Y eso es fundamental en un relato como Toy Story 3, que trata fundamentalmente sobre la supervivencia en un mundo hostil. Entre el slapstick y el subgénero de la evasión (también plasmado brillantemente por Chicken Run, otra ficción animada), el equipo de Pixar tira una vez más de su ingenio para la construcción de todo tipo de situaciones cómicas (mención especial para el Buzz en modo latino), haciendo pasar al espectador el rato placentero que este le reclama. Las que no contribuyen para nada en este sentido son las dichosas gafas tridimensionales, que huelen una vez más a triquiñuela comercial.

Pero más allá de la inesperada oscuridad que destilan algunos de los nuevos personajes o del virtuosismo de la animación, lo más impresionante de Toy Story 3 es su desenlace. Sin dejar de bordear el terreno de lo lacrimógeno, los últimos diez minutos del film van directos al estómago de los que hemos crecido (en todos los sentidos) con esta trilogía, recordándonos aquello de que la vida es un ciclo sin fin, pero también que el tiempo se acaba para todos y para todo. Al final, siempre está el final.

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