Crítica: Tres días con la familia

Crítica: Tres días con la familia

Título: Tres días con la familia
Título original: Tres dies amb la familia
Director: Mar Coll
Género: drama.
Duración: 86 minutos
Estreno en España: 24 de junio
Intérpretes: Nausicaa Bonnín, Eduard Fernández, Francesc Orella, Ramon Fontserè, Philippine Leroy-Beaulieu.
Tres días con la familia, teaser tráiler y póster
¿Debo ir a verla? ★★★★☆ Interesante drama de una debutante a la que habrá que seguir la pista.

Lo primero que sorprende en Tres días con la familia es la madurez que desprende. La realizadora Mar Coll, en compañía de la guionista  de la guionista Valentina Viso, consigue plasmar con veracidad  los secretos y mentiras de un clan burgués, donde las apariencias y el saber estar triunfan frente a la verdad. Lo hace con unos diálogos brillantes y una sabia utilización de las miradas y silencios de los personajes. Los actores, todos espléndidos, aportan su granito de arena para que la película se vea de una manera extraña: como si fuéramos fantasmas que se introducen en los momentos más íntimos de los personajes.

Coll se niega, a diferencia de la mayoría del cine español considerado como serio, a teatralizar todo con interpretaciones histriónicas y frases lapidarias.  La jovencísima realizadora catalana, que fue la gran triunfadora del pasado Festival de Málaga, parece más atenta a analizar con su cámara hasta los gestos más nímios de sus protagonistas que a optar por el subrayado menos sútil. También, y aquí se encuentra a la vez una de las grandes virtudes y uno de los mayores defectos de la película, no apuesta por el melodrama, conteniéndose unas veces en su justa medida y otras en exceso. Esto puede provocar que algún espectador califique el filme como algo frío. Aunque si  lo analizamos detenidamente, quizá veamos que esa presunta gelidez de algún pasaje  es un reflejo de clima general de la familia protagonista: un grupo de personas que se limita a representar el típico ritual del duelo por un abuelo muerto al que no todos querían.

Sin embargo, la presencia de Léa, una de los jóvenes miembros del clan, resquebrajerá  la impecable y falsa  fachada de sus supuestos seres queridos. En plena crisis sentimental y vital, la veinteañera, que acaba de llegar del extranjero, se encargará de descubrir la mentira que vive dentro del matrimonio de sus padres y, casi por extensión,  de todo el clan. Será entonces  cuando algunos de los personajes dejarán de autoengañarse para afrontar su presente y empezar a ser verdaderamente ellos mismos. Todo ello, y aunque mis palabras puedan parecer grandilocuentes, está mostrado sin aspavientos y evitando la pedantería. Algunos  incluso descubrirán en la película situaciones y personajes que han podido ver más o menos de cerca siempre que se han encontrado con familiares en bodas, bautizos, comuniones y entierros.

Esta  sensación de autenticidad se ve reforzada por un elenco de actores perfecto. No obstante, dos nombres sobresalen del magnífico grupo de intérpretes: Nausicaa Bonnín y Eduard Fernández. Bonnín consigue reflejar sin aspavientos la tristeza que siempre persigue a aquellos que están en crisis, mientras que Fernández roza lo magistral con su encarnación de un hombre, el padre de la protagonista, que ha convertido su vida en pura mentira.

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