Crítica: Triage

Crítica: Triage

Título: Triage
Título original: Triage
Director: Danis Tanovic
Género: Drama
Duración: 96 minutos
Fecha de estreno en España: 13 de noviembre
Intérpretes: Colin Farrell, Paz Vega, Christopher Lee, Kelly Reilly
Triage, tráiler y póster español
¿Debo ir a verla? ★★☆☆☆ Aburridísimo drama sobre las consecuencias de la guerra en la mente de un reportero gráfico

Su pasado como soldado en la guerra de los Balcanes ha dejado una indudable huella en la personalidad y filmografía de Danis Tanovic. Tanto ‘En Tierra de nadie’, su debut en el largometraje, como Triage, su tercer filme hasta la fecha, nos hablan de conflictos bélicos, aunque cada uno de ellos se centre en contiendas distintas y trate el asunto desde perspectivas bastante diferentes. Mientras que ‘En tierra de nadie’  abordaba desde un punto tragicómico el terrible conflicto entre serbios, bosnios y croatas, Triage nos cuenta las consecuencias de la guerra, en este caso la de Kurdistán, en la mente de un reportero gráfico. Los resultados son también muy dispares: la primera obra de Tanovic resultaba aterradora sin ser nunca pretenciosa o aburrida, mientras que su nuevo filme es discursivo, tedioso y escasamente apasionante.

Tanovic tiene entre sus manos un argumento con todas las cartas para emocionar a cualquiera con un mínimo de sentimientos: la historia de un fotógrafo que sufre secuelas psíquicas tras su estancia en una guerra donde perdió a un compañero de trabajo. Sin embargo, y aunque se nos advierta que la película está basada en hechos reales, casi todo suena falso y teatral. Sólo los flashback donde el protagonista recuerda su estancia en Kurdistán parecen recuperar algo del verismo que recorría la estupenda ‘En tierra de nadie’. Conmovedoras resultan a este respecto las conversaciones entre el reportero y  el doctor que se encarga de decidir qué heridos pueden ser curados y cuáles deben ser asesinados para evitar una muerte larga y dolorosa. Ésos son los únicos instantes en los que el filme respira verdad, aunque, para desgracia del espectador, son los menos en este largometraje fallido. El resto de la cinta, donde se nos cuenta el periodo de convalecencia del protagonista en Irlanda, resulta terriblemente falsa.  Especialmente ridículo es el diálogo entre la esposa del fotógrafo, encarnada por la muy hispana Paz Vega, y el abuelo de ésta, un psiquiatra español interpretado por el  británico Christopher Lee. El diálogo entre la mujer y el loquero, al que su nieta le reprocha haber estado al servicio de los intereses de altos mandos del régimen franquista, resulta un tanto ridículo, sobre todo si tenemos en cuenta que ella habla en un inglés un tanto deficiente y el tiene un perfecto acento british.

Supongo que gran parte de la culpa de este pequeño desaguisado es consecuencia de una película realizada en coproducción entre varios países, donde vale más el nombre de la estrella y la nacionalidad a la que pertenece que su validez a la hora de encarnar al personaje que le ha tocado en suerte. En este sentido, los afectados por el disparate son Paz Vega, que realiza una de las peores interpretaciones de su carrera, y Christopher  Lee, algo inadecuado para dar vida a un psiquiatra andaluz. Sólo Colin Farrell, convincente a la hora de encarnar al fotógrafo protagonista, y una excelente Kelly Reilly, en el rol de la pareja embarazada de su compañero desaparecido, consiguen dotar algo de verdad a un largometraje lleno de frases sentenciosas, disquisiciones psicológicas de manual y mucho, mucho tedio.

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