Crítica: Un amour de jeunesse

Sebastián urzendowsky y Lola Creton

Titulo: Un amour de jeunesse
Director: Mia Hansen-Love
Género: drama
Duración: 106 minutos
Fecha de estreno: 11 de mayo
Intérpretes: Lola Creton, Sebastián Urzendowsky, Magne Havard Brekke.
Trailer: Un amour de jeunesse
¿Debo ir a verla? ★★★★☆ Sencilla y hermosa historia de amor adolescente, narrada con acierto desde la candidez.

Camille y Sullivan son dos quinceañeros enamorados. Su amor es irracional, apasionado, muy físico, posesivo, no entiende de conveniencias ni del futuro. Al menos el de Camille. Sullivan, al tiempo que le susurra amor incondicional a su compañera, prepara un viaje por Sudamérica de diez meses, que es en realidad una forma de escapar de una vida ante la que se siente un esclavo. Cuando dicho viaje los separa, los ánimos de Camille, lejos de atemperarse, estallan en una depresión terrible que se hace finalmente insoportable cuando Sullivan deja de escribirle cartas, abandonándola a su suerte.

La grandeza de Un amour de jeunesse reside en que no se contemplan estos sentimientos desbordados como la clásica enfermedad/tontería adolescente. Para Mia Hansen-Love, el amor de Camille y Sullivan es genuino y auténtico, además de eterno. Los chicos pueden dejar atrás su condición de dependientes y disfrutar del libre albedrío, pero nunca será posible que olviden una unión que les ha hecho tan inmensamente felices.

Para que esta historia, que en muchas otras manos habría sido poco menos que insoportable, funcione, Hansen-Love retrocede en el tiempo y se convierte en una adolescente tras las cámaras. Así, presenta una puesta en escena inocente y muy directa, llena de planos sencillos y cortes, con un uso de la música extradiegética o de las herramientas de transición de lo más evidente, aunque del defecto en este caso se hace virtud. Solo a través de esta forma nos llega a emocionar el contenido, enternece tanto como la propia evolución de Camille el hecho de que las elipsis temporales sean señaladas por un calendario.

Hansen-Love, heredera privilegiada de los postulados de la Nouvelle Vague más terrenal, cede en parte el alma del film a la joven actriz Lola Creton, que le devuelve un trabajo sobresaliente. El resto tiene la misma fuerza y es tan inexplicable, hermoso y real como una canción de Violeta Parra. Gracias a la vida, y gracias a Un amour de jeunesse por dejarnos volver a los 17, a los 16, a los 15…

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