Crítica: ‘Una familia de Tokio’

Entrañable homenaje a ‘Cuentos de Tokio’, de Yasujiro Ozu, una de las películas fundamentales del cine japonés.

Tokyo kazoku

Una familia de Tokio existe para demostrarnos que un remake puede nacer con una intención muy distinta a la que habitualmente se le asocia. En este caso no es la motivación comercial ni la necesidad de actualización del original lo que ha llevado a Yôji Yamada a elaborar una revisión de Cuentos de Tokio. Su película parte del ánimo de ensalzar el original, de servir como homenaje a una de las obras decisivas, tal vez la más conocida, de Yasujiro Ozu, maestro del cine japonés y una figura en realidad mucho más influyente en la Historia del Cine de lo que muchos aficionados saben.

Yamada no repite la película de Ozu plano por plano, tampoco palabra por palabra. Lo que hace es coger los puntos principales del relato original, tan sencillo como rico en matices y emociones, para crear una historia algo distinta, adaptada a estos tiempos. Con los años, las cosas han cambiado en apariencia, pero en el fondo todo sigue más o menos igual. Los miembros de la familia del remake se comunican a través del teléfono móvil, viajan en tren bala y no viven en la melancolía japonesa posterior a la II Guerra Mundial. Eso es cierto.

Sin embargo, toda esa humanidad que habitaba abiertamente en las imágenes creadas por Ozu no ha sido retocada en lo más mínimo: el carácter de la pareja de ancianos protagonista, completamente opuestos, el egoísmo de los hijos, la bondad de la recién llegada, pese a que su sangre sea otra (en este personaje se aprecia una de las mayores diferencias con el original, ya que aquí el hijo menor no ha fallecido en la guerra, aunque su moderna forma de entender la vida supone una afrenta para su padre). El desarrollo de los acontecimientos nos lleva a las mismas conclusiones sobre la condición humana y lo implacable de la existencia, como si Yamada quisiera subrayar la sabiduría absoluta con que se fabricó el material del que parte.

Si Ozu es una figura tan decisiva en la evolución del cine es por sus planteamientos de puesta en escena y de montaje,muy distintos a los habituales en occidente: sus planos tomados a un metro del suelo, sus composiciones con los reencuadres que permite la vivienda tradicional japonesa, sus planos-almohada tras los momentos de mayor tensión, el ritmo ceremonioso… Una familia de Tokio es en este sentido un dispositivo más relajado, con guiños a las formas empleadas por Ozu pero con unas soluciones por lo general más convencionales, aunque siempre dentro del terreno de lo clásico y de lo puramente japonés. De esta manera, Yamada renuncia a la imitación pero mantiene un respeto que, de acuerdo al resultado del film, entrañable y con momentos de mucho calado, se antoja de una honestidad inapelable.

Titulo: Una familia de Tokio
Título original: Tokyo kazoku
Director: Yôji Yamada
Duración: 147 minutos
Género: Drama
Fecha de estreno: 22 de noviembre
Intérpretes: Isao Hashizume, Kazuko Yoshiyuki, Tomoko Nakajima.
‘Una familia de Tokio’ gana la Espiga de Oro de la Seminci
¿Debo ir a verla? ★★★½☆

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