Crítica: Vals con Bashir

Vals con Vashir

Título original: Waltz with Bashir
Director:Ari Folman
Género: Documental, Animación
Duración:87 minutos
Intérpretes: Ari Folman, Ori Sivan, Dror Harazi, Profesor Zahava Solomon, Ron Ben-Yishai, Ronny Dayag, Shmuel Frenkel
¿Debo ir a verla? ★★★★★ Es emocionante, original y profunda. También, y esto es realmente lo importante, no tiene demasiados precedentes en el adocenado panorama cinematográfico actual.

Los largometrajes de Pixar, por poner sólo un ejemplo, han puesto de manifiesto que las películas de dibujos animados pueden superar en sensibilidad e inteligencia a las cintas de imagen real. Un caso que se vuelve a repetir con Vals con Bashir. Ésa quizá sea la razón por la que esta maravilla compite en el apartado de Mejor Película de Habla no Inglesa de los Oscars 2009 junto con otros largometrajes que no son precisamente recomendados para los más pequeños de la casa, objetivo tradicional de los productos animados.

Ari Folman, el director de este peculiar documental en dibujos, indaga en su experiencia como soldado israelí para ofrecernos uno de los filmes más emocionantes de los últimos años. La búsqueda del realizador comienza cuando un antiguo compañero de armas le confiesa que tiene un sueño recurrente donde siempre aparecen unos perros. Ambos llegarán a la conclusión de que esas imágenes remiten a su intervención como militares en el Líbano. Consciente de que sus recuerdos sobre el conflicto armado son igualmente confusos, Folman decidirá entrevistar a aquellas personas que le acompañaron en aquella horrible experiencia.

Vals con Bashir, crítica

Poco a poco, y mediante la mezcla de testimonios reales e imágenes creadas por el subconsciente del propio cineasta, vamos desvelando lo que ocurrió en aquella terrible guerra. El dibujo animado actúa dando uniformidad  tanto al plano  documental como el meramente poético y casi surrealista. Todo ello contribuye a la creación de  unas impresionantes imágenes que oscilan entre la recreación de lo real y un cierto halo onírico.

Con sensibilidad y una enorme fuerza visual, el realizador judío va mostrándonos el sinsentido de una guerra de la que los propios soldados no salieron indemnes. Una brutalidad que, como se muestra en uno de los momentos más emotivos del filme, alcanzó su punto culminante cuando los falangistas cristianos masacraron Sabra y Chatila ante la impasibilidad del ejército israelí. Sólo entonces, Folman abandona el dibujo animado para mostrarnos, a través de grabaciones de archivo,  los rostros de las mujeres y los niños que sobrevivieron a semejante masacre. Sabiamente, el realizador deja a un lado todo tipo de estilización para ofrecernos la tragedia  sin ningún tipo de maquillaje: sólo las imágenes de lo que ocurrió realmente pueden transmitir al espectador el drama de uno de los hechos más vergonzantes ocurridos en la Tierra durante los últimos treinta años.


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