Crítica: Wall Street. El dinero nunca duerme

Wall Street: el dinero nunca duerme crítica

Título: Wall Street. El dinero nunca duerme
Título original: Wall Street. Money never sleeps
Dirección: Oliver Stone
Género: drama
Duración: 135 minutos
Fecha de estreno en España: 8 de octubre
Intérpretes: Michael Douglas, Shia LaBeouf, Josh Brolin, Frank Langella
Trailer en español: Wall Street. El dinero nunca duerme
Taquilla USA: Wall Street 2 supera por poco a Ga’Hoole
Trailer: Wall Street. Money never sleeps
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Brillante, lúcida y espectacular, aunque previsible. Pero su reparto al completo y la puesta en escena la convierten en todo un placer para vista y oídos.

Con la primera Wall Street, el cineasta Oliver Stone retrató el mundo de las finanzas desde su mismo punto neurálgico, sacándose de la manga a un villano de los que hacen época que, gracias a la labor de Michael Douglas, se convirtió en uno de esos mitos con los pies muy bien puestos en el suelo. Gordon Gekko fue capaz no sólo de inquietar al espectador sino de retratar muy bien el intríngulis, la tesis de fondo del filme. Wall Street fue una  película que, vista ahora, resulta brillante en su primera mitad y un tanto floja en su desenlace, pero finalmente acertada tanto en fondo como, sobre todo, en forma. Los trascendentales e históricos ¿cambios? vividos en los últimos años en la economía mundial hacían viable una segunda parte de aquel filme.

Lo que hay que alabar de Wall Street: el dinero nunca duerme (frase que, por cierto, Gordon Gekko pronunciaba durante el metraje de la primera entrega) es el increíble dominio cinematográfico de Stone, capaz de compaginar en poco más de dos horas las distintas facetas de una trama donde todo está íntimamente relacionado y cohesionado. Drama familiar, datos históricos sobre la burbuja y el crack financiero, humor negro y retrato humano de la fauna que puebla los despachos del mundo del citado distrito, aparecen como un todo indisoluble que guía hacia delante una trama que no se detiene ni un segundo. Todo aparece explicado claro y diáfano en un relato apasionante bajo la experta mano de Stone, cineasta capaz de rebajar su belicosidad de izquierdas para amoldarse a los requerimientos de una superproducción de estudio sorprendentemente adulta para los tiempos que corren.

Todo eso es suficiente para recomendar el visionado de Wall Street: el dinero nunca duerme en la gran pantalla, por mucho que a la película le falte algo de verdadera emoción, sentimiento y suspense. Se trata de un filme entretenido, espectacular, didáctico (que no discursivo) y brillantemente contado, por mucho que tenga graves defectos, hasta cierto punto heredados y compartidos con la primera película. Así, las maniobras del dinosaurio Gordon Gekko y sus equivalentes actuales (retratados, aquí sí, como algo mucho más dañino que una personalidad individualista como la de aquel, cuyas garras nunca se extendieron al ámbito político) son relativamente previsibles y los giros finales provocan poco pasmo. Pero lo que atrapa del filme es su retrato humano y la forma de hilar un guión complejo en un conjunto muy equilibrado.

Y aunque otros detalles como el forzado y complaciente happy end tampoco ayudan, Wall Street: el dinero nunca duerme compensa con creces sus defectos con su apabullante ejercicio narrativo. Stone se deja de moderneces y se dedica a narrar y narrar, siempre adelante y con un estilo absolutamente dinámico. No se amilana ni se deja apabullar por la tonelada de datos históricos, tesis económicas ni por la cantidad de personajes que pueblan la película, manejando los acontecimientos con mano maestra para el entretenimiento.

Y aquí entra también su reparto inmaculado. Michael Douglas disfruta cada segundo en pantalla con un personaje perfectamente ubicado en el relato de esta secuela, un Gordon Gekko algo más reposado que en la película precedente pero repleto de dobleces que le añaden profundidad y peligro. Shia Labeouf demuestra que debería haber vida para él después de Transformers, superando con comodidad la labor de Charlie Sheen en la primera entrega, mientras otros como Frank Langella le añaden sentimiento elevando la historia a otros niveles. La calidad que aportan todos ellos y la atención que les dispensa Stone me parece que convierte esta secuela en una de las experiencias más notables y placenteras del año.

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