Crítica: ‘Los Mercenarios 3’

Los mercenarios de Stallone/Barney Ross regresan con un show menos energético que las dos películas anteriores.

Los Mercenarios 3, crítica

Existía una cierta expectación ante esta ultima entrega de ‘Los Mercenarios’, la tercera, sobre todo en un verano que no ha acabado de dar todo lo que prometía en su vertiente cinematográfica. Las aventuras del grupo liderado por Sylvester Stallone no sólo prometía el esperable “revival” de acción a la antigua, con más cachondeo, violencia y una escala más reducida y -por eso mismo-, más humana y alejada de despliegues audiovisuales. La anunciada como última película de la saga tenía la obligación de perfeccionar la innegable diversión de las dos entregas previas, impresión que las nuevas incorporaciones de Wesley Snipes, Antonio Banderas, Harrison Ford y Kelsey Grammer, entre otros, venía a reforzar. Y el fichaje de un nuevo director estrella, Patrick Hughes, también podría haber redundado en esa mayor energía respecto a anteriores entregas.

Pues bien, el asunto se ha quedado a medias. Si bien el guión acierta en términos generales en su planteamiento, estableciendo una interesante comparación entre los mercenarios “clásicos” y un equipo mucho más joven, igual de cafre pero más afín a las nuevas tecnologías, estamos ante la aventura peor montada y contada de todas, la que más se alarga innecesariamente (algo así como dos horas, la duración estándar de un blockbuster más ambicioso) y la que también presenta menos ingenio en sus momentos estelares. Los famosos “one liners” de ‘Los Mercenarios’ 1 y 2 brillan aquí por su ausencia hasta su tercio final, y las escenas de acción carecen de la violencia de entregas previas (la película se ha montado para ser PG-13 y no R en EEUU, para capturar definitivamente al abundante público adolescente actual).

Este defecto, que en una película como ‘Los Mercenarios 3’ sí puede considerarse tal cosa, probablemente sea subsanado en un posterior montaje en DVD. No así la desmayada puesta en escena de Patrick Hughes, que usa y abusa de efectos visuales mediocres en las batallas aéreas y en general no proporciona ningún estilo especial a los tiroteos. La labor previa de Sylvester Stallone y Simon West en las dos entregas previas, más energéticas y vibrantes que la presente, no tenía este defecto, y su tosquedad y brutalismo eran rasgos completamente premeditados que Hughes parece sólo haber recogido hasta cierto punto. Creo sinceramente que la película podría haber sido mucho más que un show entrañable y simpático de haber caído en mejores manos.

‘Los Mercenarios 3’ sigue teniendo una razonable frescura en el panorama del cine dde verano, y de hecho se trata de un filme bien estructurado en términos generales, sobre todo a la hora de cohesionar tal marasmo de estrellas de cine en una sola historia. Pero el precio a pagar por ello también es alto: queríamos más Mel Gibson, que no acaba de definir bien su prometedor villano, y queríamos más Schwarzenegger, que de nuevo y como en las anteriores películas, está sólo de paso. Bien, sin embargo, por nuestro Antonio Banderas, que aborda el personaje sin sentido del ridículo o limitación, y con su habitual energía: como recompensa, su personaje acaba recogiendo casi toda la atención y chistes en el tercio final, y el malagueño -sabedor del tipo de la fiesta en el que se inserta- lo da todo y más para destacar en el conjunto. Si la película hubiera tenido el nervio que sí tenían las cintas de acción de McTiernan, Harlin y compañía, estaríamos hablando de la mejor entrega de ‘Los Mercenarios’. Al fin y al cabo, esto es un hecho incluso para los detractores del género que ellos crearon, Sly y compañía siguen siendo los mejores en lo suyo.

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