Crítica: ‘Transcendence’

Wally Pfister debuta en la dirección con un largometraje ambicioso, quizá demasiado, y que pese a arrojar ideas interesantes, no da en el clavo ejecutandolas.

Transcendence, crítica

Una pena lo de Transcendence’, película que con una labor de dirección y corrección de guión adecuada, podría haber dado mucho de sí. Wally Pfister, director de fotografía de Christopher Nolan, aquí limitado a labores de producción, no ha sabido o podido plasmar las múltiples proposiciones del guión de Jack Paglen, que vuelca diversos conceptos tecnológicos y existenciales en una historia en clave de thriller psicológico y hasta romántico, y que en su tercio final no teme adentrarse en proposiciones del sci-fi más avanzado. Por una vez, el morrocotudo fracaso comercial de la película en EEUU anticipa lo que verdaderamente nos encontramos dentro de ella.

Estamos ante una película ambiciosa, con un reparto de campanillas liderado por un Johnny Depp en, casi, la cumbre de su fama como estrella internacional (al menos fuera de EEUU, donde ya parecen haber dejado de confiar en él), un presupuesto holgado y un estreno estratégico en fechas preveraniegas. Con todo y con eso, desde el comienzo el espectador medio nota que algo falla en ‘Transcendence’, película con un exceso de cháchara tecnológica, anticlimática como la que más, y demasiado preocupada en parecer inteligente más que en presentar sus cartas adecuadamente. Pfister no logra introducir adecuadamente los personajes, ni mucho menos sacar buenas interpretaciones de un elenco que ha demostrado eficacia probada en otras ocasiones. El caso de Johnny Depp es especialmente doloroso, por tener menos tiempo para desarrollar el personaje. El resultado es una historia en la que no creemos, ni en su desarrollo ni en caracteres o implicaciones, y que incluso en sus ideas más afortunadas (que como decimos, las tiene, y bastantes) parece forzada, cargante y confusa.

Con este mal basamento de la historia, el cambio de tercio que sufre el largometraje en su segunda final, en realidad el más arriesgado y a la sazón el más interesante de todos, cae en el abismo de la mediocridad más absoluta. Pfister no sabe graduar las implicaciones del cambio de estado del protagonista, ni mucho menos ha explicado adecuadamente las emociones del matrimonio Caster (y de transmitirlas al público, ni hablamos), y se limita a arrojar aquí y allá las preguntas provocativas en forma de pesados diálogos expositivos. Mientras todo ocurre, los personajes cambian de bando, los saltos al vacío filosóficos y hasta religiosos se suceden ante el espectador, y las sorpresas caen en saco roto en un largometraje confuso, sin suspense, que adolece de un director que haga eso, dirigir. ‘Transcendence’ no es mala porque sí, sino porque da la impresión de tratarse de un proyecto nacido y estrenado en salas antes de haberse formado. Y por eso da el doble de pena.

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