‘El gato desaparece’, el thriller de Carlos Sorin

‘El gato desaparece’ parece un título con evidentes reminiscencias al terror gótico de Edgar Allan Poe en ‘El gato negro’. Sin embargo, los ecos que podemos leer en la nueva cinta del argentino Carlos Sorin nos remiten a un pasado mucho más reciente: el del clasicismo cinematográfico. De este modo, el gato al que se apela en el título es solo un McGuffin más, al estilo de Alfred Hitchcock, auténtico deudor de este desvío genérico en la filmografía del director de ‘Historias Mínimas‘ o ‘La película del rey‘. De este modo, el gato es solo la excusa que nos lleva al verdadero motivo final del film: bucear entre los endebles límites de la locura y, en última instancia, de las convenciones genéricas.

El gato desaparece

Fotograma de El gato desaparece.

‘El gato desaparece’ arrancia ciando un ex-profesor universitario, Luis, llega a casa después de haber estado unos meses internados en la planta se psiquiatría a raíz de un violento brote. Ya estabilizado, su mujer Beatriz lo lleva al hogar marital donde ambos inician de nuevo la convivencia. Tanto uno como el otro desean recuperar un pasado feliz, pero ello no va a ser nada fácil. De hecho, un episodio sin apenas importancia viene a desequilibrar la esperanza de ambos: Luis busca a su gato, Donatello, pero el felino se espanta y empieza a maulllar violentamente cuando se topa con su dueño. Cuando Luis intenta coger al animal, éste se retuerce y saca sus garras. Beatriz empieza entonces a reflexionar sobre la naturaleza de su marido. ¿Es la misma persona con la que ha compartido años de matrimonio?

Galardonada en el pasado Festival de Cine de Huelva con el Premio especial del Jurado, en la película de Sorin el verdadero terror emana de la cotidianidad, de la convivencia marital. Del extrañamiento al mirar al compañero, antaño una persona de confianza. ‘El gato desaparece’ puede ser considerado como un thriller psicológico, rozando el terror en ocasiones. Sin embargo, y siendo una película de Carlos Sorín, no puede dejar de transgredir algunas convenciones genéricas. El mismo director lo describe como un un thriller atípico para los tiempos que corren:

El gato desaparece es un filme sin muchos elementos típicos del thriller, señala Sorín, no hay tiros, no hay muertos, al menos visibles, ni hay persecuciones. Todo está levemente sugerido sólo por la sospecha. Esa es la esencia de la película.

Más información / La Razón, El Cultural, Levante-emc

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