El tiempo como desatino

Sigue ‘Lost’ y sigue una escalada narrativa cuyo límite de momento parece ser imposible de determinar. Si en los dos episodios anteriores se dejó claro que el viaje temporal sería el leit-motiv de esta temporada, en este episodio se deja claro que… todo tendrá intenciones narrativas. Para bien o para mal, la serie avanza mucho más rápido que sus espectadores: la aparición previa de muchos personajes y el inquietante final así lo confirman.

Sigue ‘Lost’ y sigue una escalada narrativa cuyo límite de momento parece ser imposible de determinar. Si en los dos episodios anteriores se dejó claro que el viaje temporal sería el leit-motiv de esta temporada, en este episodio se deja claro que… todo tendrá intenciones narrativas. Para bien o para mal, la serie avanza mucho más rápido que sus espectadores: la aparición previa de muchos personajes y el inquietante final así lo confirman.

Se abre el episodio con un momento bello, el nacimiento del hijo de Desmond, confirmándose la caracterización absolutamente romántica del personaje. ‘Jughead’ puede ser uno de los episodios más estimulantes de la serie porque estimula la percepción homérica del asunto y deja lo sucedido como una épica contemporánea, un duelo a través de la historia que supera a los propios Hombres. Una lucha contra lo imposible, en definitiva.


Sin embargo, como también ocurriera enExpediente X, lo interesante del misterio está… en el propio misterio. Lo explica uno de los creadores de la serie, J.J. Abrams, en su conferencia ‘The Mystery Box’. El flash lleva a Locke a confirmar la presencia sobrenatural e inmortal de Richard Alpert… y al resto del grupo a encontrarse por vez primera con un soldado llamado Charles Widmore. Las conexiones con el pasado demuestran eso que dice el personaje en un momento del episodio: «Esta guerra viene de lejos».

Prosigue el episodio en el dibujo de John Locke como un hombre elegido por fuerzas cada vez más sobrenaturales y en la impagable actitud de Sawyer como un rebelde, de carisma intachable. En contra de uno de los guiones más ajustados de la televisión, cabría señalar una dirección un tanto insegura: hay destellos del habitual nivel-estándar de calidad de la serie, pero más allá de un ángulo de una escopeta, encontramos encuadres demasiado exagerados, sobretodo los referidos a Faraday. La aparición de la bomba tampoco está todo lo aprovechada que debería y se limita al habitual contraste entre planos de detalle, planos generales y alguno mediano. El director del episodio, en suma, no aprovecha todos los recursos a su alcance para sacarle partido, pero poco de eso importa cuando hay un guión que avanza muchísimo más deprisa de lo que parece. Se confirma esta serie como un evento generacional, un logro histórico tanto por su éxito como por llevar a una nueva generación de espectadores todas esas cotas de aventura, extrañeza y desamparo que en su día propulsó uno de sus modelos más evidentes, la perfecta The Twilight Zone.

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