Érase una vez en América, la emoción desnuda

erase-una-vez-en-america-la-emocion-desnuda1

Érase una vez en América, cinta que se repone este mes de julio en los cines Verdi de Madrid y Barcelona, supuso para Sergio Leone la culminación del proyecto de su vida. Tal fue su entrega a este film, concebido a finales de los años 60, que el realizador romano rehusó dirigir ninguna otra película desde 1971 hasta 1983, año en que comenzó el rodaje. Afortunadamente, el productor israelí Arnon Milchan le dio la ansiada oportunidad a principios de los 80, resultando de todo ello un monumental film de más de cuatro horas de duración.

Sin embargo, al poco tiempo Leone se vio obligado a recortar el metraje hasta 229 minutos, y estrenar el film en Europa en 2 partes. Al menos, esta versión aún se acercaba bastante a la visión original del director. En EEUU, Érase una vez en América corrió peor suerte, puesto que la distribuidora mutiló el film hasta dejarlo en 139 minutos, y además alteró el magistral montaje a base de flashbacks ideado por Leone, haciendo que la película se desarrollase de manera absolutamente cronológica, destruyendo el sentido y el impacto emocional que tenía la estructura original. Aún así, con el tiempo, el público americano acabaría conociendo el montaje europeo en formato doméstico.

Pero el daño ya estaba hecho, y la película sufrió en el momento de su estreno un varapalo crítico al otro lado del charco que la impidió seguramente meterse entre los nominados a los Oscar de 1984, donde hubiese competido con otros dos geniales mamotretos históricos: ‘Amadeus’ de Milos Forman, y ‘Pasaje a la India’ de David Lean.  Gracias a las ediciones en DVD, ese montaje de 139 minutos es ya un funesto recuerdo en todo el mundo, y de hecho, hace unos meses que se ha anunciado la restauración del primer montaje de 269 min. que Leone quiso estrenar comercialmente, con vistas a una futura presentación mundial en Cannes el año que viene.

Mientras esperamos el momento de disfrutar de esta nueva restauración, los que vivan en Madrid y Barcelona puden ir abriendo boca con la oportunidad de ver en cine una copia sacada de un master HD del montaje clásico de 229 minutos. Recorrer las diferentes etapas de la amistad entre Noodles (Robert de Niro) y Max (James Woods), esos dos chiquillos del barrio judío de Nueva York que deciden pasarse al otro lado de la ley para salir adelante dentro del ambiente de pobreza en el que viven. Amistad incondicional e inquebrantable en un principio, pero que será puesta a prueba una vez que la era dorada del crimen organizado durante la Ley Seca toque a su fin.

De Niro, actor que interpretó como nadie la cara oscura y autodestructiva del ser humano medio en sus colaboraciones con Martin Scorsese, explota aquí hasta el extremo su otro registro característico: el del superviviente que añora de alguna manera todo lo que ha perdido por el camino. Pocos actores tienen una mirada melancólica capaz de decir tanto como la de Bobby De Niro, y Leone lo sabía. El director italiano, que ya había teñido de una melancolía similar a sus dos anteriores obras (‘Hasta que llegó su hora’ y ‘Agáchte, maldito’), dio una nueva vuelta de tuerca a esa emoción primaria gracias al elaborado montaje, donde el juego de miradas que ofrece Robert De Niro sirve para introducir al espectador en su punto de vista como ninguna otra película lo había hecho.

Si De Niro está perfecto como ese Noodles que siente las cosas de manera pura y primaria, casi como si fuese un niño eterno, James Woods no le va a la zaga como el gángster ambicioso y calculador que resulta ser Max, tan opuesto a su amigo en su visión de la vida como complementario a nivel de carácter. Ellos dos mantienen una relación de amistad y amor tan fuerte, que ni siquiera el gran amor platónico de Noodles, Deborah (Elizabeth McGovern), puede penetrar tan profundamente en su corazón.

La película incluso llega a plantear cierto homoerotismo entre los dos amigos, especialmente acerca de los sentimientos de Max hacia Noodles. El personaje de James Woods, aparte de tener problemas ‘de virilidad’ cuando tiene que acostarse con mujeres, siente celos y un oculto deseo de conseguir todo aquello que Noodles ama o posee en un momento dado. De ahí proviene precisamente toda la fuerza del anticlímax final del film, donde Leone, acertadamente, envuelve todo este contenido sentimental con una puesta en escena casi onírica, que descoloca al espectador al mismo tiempo que le emociona al nivel más básico, y que deja en la cabeza un mar de dudas sobre lo que ha visto, sin que por ello se pierda la sensación de haber contemplado una conclusión satisfactoria.

Por supuesto, no se puede mencionar, cuando hablamos de Erase una vez en América, de la magistral banda sonora de Ennio Morricone, una de las partituras cinematográficas más bellas jamás creadas. Como era costumbre en Sergio Leone, éste le pidió a Morricone que compusiese la música antes de comenzar el rodaje, para adaptar el ‘timing’ de las interpretaciones a la música, en un esfuerzo por hacer de la película una especie de ópera. El compositor, que junto con John Barry es quizá el maestro de la melancolía en la música para cine, escribió una banda sonora estructurada en torno a nada menos que cinco temas principales, con innumerables variaciones, entre las que destaca el corte del CD titulado ‘Deborah’s theme – Amapola’. En este tema concreto, Morricone unifica el tema de Deborah y el famoso ‘Amapola’ en uno solo, haciendo que un tema ejerza de contramelodía del otro, en una apabullante demostración de inspiración y técnica musical  al servicio de la narración.

En fin, son tantas las virtudes de este film, que aún habiendo escrito un artículo de cierta extensión, el autor de estas líneas apenas ha rozado la superficie de una obra tan descomunal. En cualquier caso,la reposición de este film en cines es una gran ocasión para revisarlo como debe ser. Y si además se da el caso de que el lector aún no lo conoce, no puedo sino sentir una profunda envidia por él, porque descubrir esta película por primera vez es una de esas experiencias que uno siempre añora, de la misma manera en que un Noodles anciano añora los buenos tiempos junto a su amigo Max.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...