Festival de Cine Alemán de Madrid 2014. Día 4: ‘Art War’ y ‘Ummah – Entre amigos’

Un documental sobre la participación de los artistas en la revolución egipcia y una cinta que exalta la forma de vida de los turcos musulmanes en Alemania fueron dos de los platos fuertes de la jornada.

Imagen de Art War

La cuarta jornada del Festival de Cine Alemán de Madrid estuvo protagonizada por largometrajes que muestran las diversas formas de intolerancia.

‘Art War’, un documental dirigido por Marco Willms, nos muestra la labor de muchos artistas en la revolución egipcia. El realizador germano enseña cómo contribuyeron con sus obras a las primeras reuniones en la plaza Tarhir de El Cairo y la posterior represión que recibieron cuando el presidente Mohamed Mursi se instaló en el poder. Músicos y artistas plásticos, especialmente grafiteros, se convirtieron en la conciencia de un pueblo que se manifestó en contra de Mubarak y que siguió protestando cuando los hermanos musulmanes se hicieron con el poder y comenzaron a imponer medidas totalitarias. En algún caso su grito contra la represión fue reprendido incluso con una fetua, que permitía que cualquiera pudiera matar a un artista sin ser castigado por ello.

Con un montaje dinámico y una cuidada estética, Wilms realiza una obra original dentro de todos los documentales que se han producido alrededor de la denominada Primavera Árabe. El largometraje funciona como particular complemento del estupendo ‘Al Midan (The Square)’, documental que sigue los pasos de algunos de los manifestantes de la plaza Tahrir.

Menos afortunada que ‘Art War’ es ‘Ummah – Entre amigos’, cinta de Cünyet Caya que se exhibe dentro del ciclo Arthaus, dedicado a las producciones de carácter independiente. El filme sigue los pasos de un agente secreto que se refugia en un barrio berlinés poblado principalmente por turcos musulmanes. Destrozado por los asesinatos que tuvo que cometer durante una operación contra neonazis, el tipo se entrega al alcohol y las drogas mientras entabla amistad con el dueño turco de un bazar y sus amigos. Será entonces cuando se dé cuenta del acoso que recibe  de la policía este grupo étnico y de su modo de vida más familiar y tranquilo.

El director pretende ofrecernos una película que hable de la convivencia entre las culturas, pero nos regala un poco disimulado panfleto que enaltece la vida de los turcos frente a los alemanes. Es comprensible que el director denuncie la represión policial a la que se ven sometidos muchos miembros de esta comunidad, pero no es de recibo que los presente de manera descaradamente positiva. Para despistar y de manera bastante torpe, el cineasta incluye a un turco traficante de drogas, a un líder de la comunidad poco tolerante con aquellos que no sean musulmanes o una joven afgana que tuvo que huir de su país por las agresiones de islamistas radicales contra las mujeres que no llevan velo.

No ayuda demasiado a comprender la posición de los protagonistas que oculten con el dibujo de un burka un anuncio donde aparece una mujer con poca ropa. Algunos se deberían dar cuenta que sepultar en vida a una persona bajo un vestido que la cubra completamente es un acto de intolerancia que va contra los derechos humanos de cualquier individuo.

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